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 Estableciendo las normas.[Spada]

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Edouard Léblanc
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MensajeTema: Estableciendo las normas.[Spada]   Jue Feb 24, 2011 7:03 pm

Edouard paseaba de un lado a otro del extenso pasillo correspondiente al ala oeste de su mansión. Era el ala dedicada al servicio, aunque claro, él único servicio que tenía lo acababa de conseguir, por lo que ninguna de las instalaciones se usaba. El trayecto no había llegado a una hora, por lo que tenía tiempo de sobra para establecer esa serie de normas vitales si ambos querían convivir decentemente y ella no quería morir demasiado joven.

Así, el vampiro continuaba pensando qué hacer, recapitulando las que ya tenía e inventándose otras nuevas mientras le daba vueltas a las cosas. Le había dejado su uniforme, uno de colores negros y blancos, bastante corto y apretado, extendido sobre la cama, así como la cofia que tenía que llevar y que la identificaba como lo que era. Ahora mismo Spada estaba aseándose, quitándose una suciedad que al mismo Edouard no le gustaba ver en alguien que trabajaba para él.

Mentiría si dijera que no se vio tentado a entrar y hacer cualquier cosa, pero su decencia ganó el primer combate y el vampiro esperó, terminando por apoyarse en la pared de la puerta de enfrente, escuchando el discurrir del agua como si tuviese la ducha delante...

Tuvo la sensación de que se iba a divertir.




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Spada
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MensajeTema: Re: Estableciendo las normas.[Spada]   Jue Feb 24, 2011 7:22 pm

¿Cuánto hacía que no se daba una ducha en condiciones? Spada no lo recordaba exactamente, pero esyaba segura de que hacía demasiado tiempo, puesto que había tenido que conformarse con baños esporádicos en las frías aguas del lago, algo que había aumentado todavía más su sensación de debilidad enfermiza... Así, disfrutó enormemente de la sensación del agua caliente bañando todo su cuerpo, y el olor del jabón arrastrando la suciedad y la mugre, limpiando su piel y sus largos cabellos que, sueltos y mojados, llegaban hasta su cintura.

Salió del agua, secándose con una pequeña toalla, y peinando toda su larga melena, despacio, desenredando cada mechón rojizo. Después se miró al espejo, observando su desnudez: Estaba delgada, demasiado como para que no resultase algo preocupante, y además, temía no agradarle a su nuevo señor si descubría las cicatrices que ocultaba en algunas partes de su cuerpo. Aunque por suerte, el uniforme las taparía, y su piel había recuperado el tono tostado, como la oscura miel, que luciría matizado por el negro y blanco de su nueva ropa.

La joven immortal se puso el uniforme, que apenas llegaba un poco más abajo del comienzo de sus muslos, dejando sus piernas, largas para lo bajo de su estatura, al descubierto. Su pecho adolescente quedaba enmarcado por el escote, y su cintura estaba entallada totalmente debido a lo apretado de la prenda. Hacía tanto que no vestía algo así, que se le antojó incómodo, pero sabía que pronto volvería a acostumbrarse. Así, se colocó la pequeña cofia, tras haber recogido en dos coletas su ahora reluciente cabello, echándose un último vistazo...

Tras eso, salió del baño, inclinando la cabeza ante su amo... Ahora, todo acababa de empezar.
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Edouard Léblanc
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MensajeTema: Re: Estableciendo las normas.[Spada]   Jue Feb 24, 2011 7:40 pm

La puerta se abrió, y sus ojos rojos pasaron de observar las baldosas del suelo a la figura de Spada vestida con su nuevo uniforme. No cabía duda de que le quedaba bien, muy bien, de hecho. Pese a su estatura poseía unas piernas más que envidiables, las cuales se ensanchaban de forma sugerente y sensual cuando comenzaban los muslos. Ascendió y ascendió hasta toparse con la primera parte de la ropa, la escueta falda que tapaba un poco por debajo de los muslos.

Continuó contemplando el resto del conjunto, parándose especialmente en el juvenil y sugerente escote que creaba la prenda contra el pecho de su sirvienta. Sin embargo, en ningún momento hubo lascivia en su mirada, como si estuviera comprobando más bien si le venía o no. Le sorprendió mínimamente ver una tez bronceada, del color de la miel, en la piel de Spada, aunque le resultó un color agradable que, en el fondo, parecía venirle como anillo al dedo. Edouard se separó de la pared, acercándose hacia ella y alzándola del mentón, dándole la primera norma, recién inventada por el gesto que acababa de tener:

-Bien, lo primero de todo, agacharás la cabeza cuando yo te lo diga. Me gusta mirar a la cara y no al pelo, seas sierva, superior o el mismo Dios, ¿ha quedado claro? Y enlazando una cosa con otra, obedecerás en todo lo que te diga, y cuando digo todo, digo todo... Supongo que lo entiendes, ¿no? -
Lanzó las dos primeras bases para una correcta relación. No quería ver esa sumisión constantemente por mucho que fuera su sirvienta, y aunque veía complicado obtener tal cosa tenía que intentarlo. La miró fijamente durante un par de segundos, aspirando su aroma para, después, soltarla de la barbilla y dar un paso atrás.-Estás perfecta. Dime, Spada, ¿te gusta tu habitación, o prefieres quedarte con otra de las que hay en este ala? -Preguntó, yendo poco a poco y dejando que digiriera la nueva situación.

Dio media vuelta y se encaminó hacia el pasillo, realizando un único gesto para que la siguiera:

-Eso de ahi es el almacén. Una de tus labores será procurarte la comida. Te dejaré el dinero que necesites encima de la repisa que hay a la entrada. Me traerás la lista de lo que hayas comprado y el cambio, excepto cuando yo especifique que puedes quedártelo. Tomátelo como una... Pequeña recompensa a tus servicios, sí. -
Edouard se paró justo a la entrada del almacén para que a Spada le quedara claro, permaneciendo ahi:

-Ahora quiero que lo dejes un poco presentable. -
Estaba desordenado, con latas por el suelo y comida en mal estado... Una primera tarea muy sencilla, a su parecer, pero suficiente para ver primeros rastros de eficacia. Abrió la puerta con el pie, cediéndole el paso con una sutil reverencia y echándose a un lado...

Así ganaría algo de tiempo para perfilar la servidumbre de la joven




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Spada
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MensajeTema: Re: Estableciendo las normas.[Spada]   Jue Feb 24, 2011 8:02 pm

Aun estando cabizbaja, Spada pudo tener la sensación de que él la estaba examinando de nuevo. Quizá por eso no alzó la mirada en todo lo que duró el repaso, temiendo encontrar en sus ojos algo que la hiciera arrepentirse demasiado tarde en haber aceptado aquello. Únicamente cuando él la tomó del mentón, obligándole a alzar el rostro, su mirada castaña, siempre con esa tristeza profunda reflejada, se fijó en las dos orbes borgoña de su amo, en completo silencio...

Asintió dos veces, una por cada norma, entendiéndolas a la perfección: La primera quería decir que, le gustase o no, tendría que mirarle a su perfecto semblante, a menos que él le pidiese lo contrario, algo que la hacía sentir demasiado expuesta dado que su rostro solía ser un libro abierto... Pero tampoco podía negarse. La segunda era la misma de siempre, "yo mando, tú haces; yo ordeno, tú obedeces", la conocía de sobra, y sabía que con cualquier cosa se podía referir incluso a aquello que en sus pesadillas le atormentaba... Pero evidentemente, tampoco podría negarse si se daba el caso, y solo podía rezar por tener entereza suficiente y trascender al miedo llegado el momento.

No pudo evitar ruborizarse ante el comentario sobre su aspecto, encogiéndose de hombros ante su pregunta, dejando claro que le daba igual la habitación... Spada no tenía un gusto propio para esas cosas, nunca había podido elegirlo, su techo era el que le dieran, y con eso se conformaba. Le siguió, a un par de pasos de él, caminando con cierta gracilidad en sus andares, que si ya eran fluídos debido a su naturaleza felina, resultaban peculiarmente elegantes.

Atendió a su explicación, volviendo a asentir una sola vez, parpadeando con cierta sorpresa cuando habló de recompensas económicas, algo que no se esperaba. De todas formas, ella no gastaba mucho: jamás se daba caprichos culinarios, ni un té, ni una barata chocolatina, ni mucho menos carne o dulces. Se limitaría a comer lo de siempre: Arroz y legumbres, leche, pan, y de vez en cuando, pescado o verduras... Le saldría barata, eso seguro, ya tendría tiempo de comprobarlo si es que se esperaba lo contrario.

Asintiendo una vez más, se coló en el almacén, arrugando su pequeña nariz en un gesto de desagrado ante el mal olor de la comida pasada... ¿Quién había podido dejar eso en semejante aspecto? Suspiró una sola vez para si misma, tomando una escoba y un recogedor. Inclinándose ligeramente, comenzó a amontonar los desechos para, en cuestión de un par de minutos, no haber ni rastro, tirándolos en uno de los cubos disponibles. Tras eso se agachó, recogiendo una a una todas las latas, dejándolas en otro cubo: había que cuidar el planeta, o eso decían...

Hecho esto, y gastados apenas cinco minutos, se sacudió las manos, girándose hacia él con una mirada expectante.

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Edouard Léblanc
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MensajeTema: Re: Estableciendo las normas.[Spada]   Jue Feb 24, 2011 8:28 pm

Edouard permaneció en el umbral de la puerta que daba al almacén, sin llegar a entrar. Para un olfato agudizado y sensible como el suyo el olor podía causarle naúseas, y no era algo que le apeteciera demasiado teniendo en cuenta que acababan de comenzar. La observó, pues, recoger y ordenar todo el desastre que había con una asombrosa rapidez y eficacia. Se esperaba alguien más inexperto quizá, pero se encontró con una sirvienta en toda regla que, ahora, le miraba con cierta expectación, esperando la siguiente orden. El vampiro sonrió y se apartó de nuevo, invitándola a salir y cerrando después:

-Bien. Quiero este almacén siempre ordenado, ¿de acuerdo? La comida que compres irá a parar aquí, excepto la que tengas que refrigerar o congelar, esa irá a la cocina. Hablando de cocina, siempre limpia. Lo que ensucies lo limpias, no me gusta ver rastros por ningún sitio, soy muy pulcro en ese aspecto. -
Explicó, echando a andar hacia el final del pasillo, donde unas amplias escaleras daban paso a la planta baja y siguiendo recto se alcanzaba el ala Este de la mansión. Edouard siguió este último camino mientras continuaba hablando, señalando de refilón la puerta de entrada:

-Por si no lo sabías, trabajo de mecenas. Tú, que tocas, quizá hayas oído hablar de Edouard Léblanc. -
No sonó orgulloso ni altivo, más bien recalcó con realismo el hecho de ser reconocido.- Por lo tanto, me llegan muchos correos. Tú te encargarás de revisarlos. Los de las facturas puedes deshecharlos directamente, sé qué dias pasan y las pagaré sin necesidad de ellas. En cambio, no tires los que vengan con remitente. Déjalos encima de la mesa de la cocina y yo me encargaré... Y,sobretodo, si viene un cuadro, no lo abras. Incumplir esa norma implicará castigo, ¿te ha quedado claro?

¿Le sorprendería ver a lo que se dedicaba, o quizá se lo esperaba...? Una pregunta que no podía responder pero que tampoco se molestó en realizar, alcanzando finalmente el ala Este. Señaló unas dobles puertas de ébano, mirando de soslayo a su sirvienta:

-Esa de ahi es mi habitación. Está estrictamente prohibido entrar en ella a no ser que yo te lo diga y esté dentro. Otra norma que implicará castigo como la incumplas, y ese será serio, créeme. -
No iba a dudar si entraba en su habitación. Habían demasiados cosas personales, recuerdos de su pasado y enseres varios que lo convertían en una especie de museo particular.- Ah, y nada de pasearte por la mansión en tu forma animal. Te quiero así, presentable y arreglada, siempre que esté presente. Sin embargo, podrás salir a estirar las piernas durante dos o tres horas diarias por el vecindario. Como verás estoy siendo bastante justo... -Se giró hacia ella, manteniendo el amago de sonrisa, con las manos entrelazadas a la espalda y apoyado en la barandilla de las escaleras:

-¿Alguna pregunta?




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MensajeTema: Re: Estableciendo las normas.[Spada]   Jue Feb 24, 2011 8:53 pm

Spada salió cuando él la invitó a hacerlo, asintiendo ante sus palabras. No tenía pensado mantener sucio y con aquel asqueroso olor, que casi le había dado arcadas, el lugar donde almacenaría su alimento. Tampoco la cocina, que era donde cocinaría y comería. Que se hubiese acostumbrado a vivir en la más absoluta suciedad, no quitaba que esta le fuese desagradable y que, ahora que tenía oportunidad de vivir en un lugar limpio, no fuese a aprovecharlo.

Descendió tras él por las escaleras, de nuevo con esos gráciles andares, tan excesivamente elegantes para su condición, que chocaban con esta, aunque no perdieran ese toque felino y ágil presente por naturaleza. Siguió sus pasos, por el pasillo recto, mirando de reojo la entrada, y entreabriendo los labios con cierta sorpresa... Sí, había llegado a oír hablar de él, hacía mucho tiempo, en una exposición de cuadros en... Sacudió la cabeza, apartando los recuerdos: No quería pensar en él, no tenía derecho a hacerlo después de todo lo que pasó.

Asintió a su pregunta, porque sí, estaba claro: Facturas a la basura, cartas con remite sobre la mesa, y cuadros siempre cerrados... Si no, recibiría el castigo que él creyera conveniente. Era sencillo de memorizar y además, no iba a cotillear su correspondencia, no por miedo a castigos a los que estaba resignada, sino por respeto a su privacidad. De igual modo, mirando hacia la puerta de ébano, volvió a asentir: no entraría a esa habitación sin él, lo tenía claro...

Sin embargo, lo que no le gustó para nada fue lo que dijo a continuación: se había acostumbrado demasiado a usar su forma animal, y a no tener un límite de hasta donde ir ni cuanto tiempo pasear, que la sola idea de no poder salir de ese vecindario, y tener que estar atada a un horario y un límite a la hora de adoptar su forma natural y sentirse libre, le destrozaba por dentro... Y saber que tenía que aceptarlo y resignarse, que no era una idea sino un hecho que iba a ser así, le dolía en el alma: Tras haber escapado una vez de la jaula de oro, aceptar que se volvía a estar en una se le antojó algo duró de digerir...

Pese a ello, en un intento de ocultar el desagrado y el aumento de la tristeza que había sufrido en su mirada, Spada asintió dejando claro que lo había entendido, aunque no lo considerase en absoluto justo, algo que evidentemente no osó decir. Tan sólo volvió a mirarle ante su pregunta, negando con la cabeza... No tenía nada qué decir, porque, le gustase o no, todo había quedado muy claro, incluído lo que la última regla le había confirmado: iba a ser muy, muy desgraciada a partir de ahora.
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Edouard Léblanc
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MensajeTema: Re: Estableciendo las normas.[Spada]   Jue Feb 24, 2011 9:29 pm

No obtuvo ningún tipo de negativa a ninguno de sus mandatos. Edouard no pareció caer en lo duro que debía ser para alguien así suprimir su naturaleza, pero si cayó, tampoco le importó, viendo mucho más prioritario su propia comodidad y el evitar encontrarse con pelos de gato toda la mansión:

-Perfecto entonces... Veamos, que recuerde más cosas.-
Comenzó a pasear por la planta baja, en el linde entre la misma y la cocina, parándose justo en medio y mirándola fijamente con una de sus enguantadas manos estirada hacia ella.-Ah, sí... Te dirigirás a mí como amo, o señor, en su defecto. Sabes mi nombre porque yo te lo he dicho, pero eso no implica, claro está, que necesites utilizarlo. Aunque ahora que caigo, no puedes hablar... Bueno, olvídalo entonces. -Zanjó el asunto volviendo a sonreir. Era absurdo darle normas verbales cuando no podía hablar, pero aún así se sintió... Extraño, quizá porque hundir el dedo en la yaga, en ocasiones, no era algo demasiado agradable de hacer.

De nuevo esa mirada rojiza pareció adquirir un tinte más distante, casi malencólico, momentos fugaces que desaparecieron tan rápido como habían sido creados. Carraspeó una única vez, realizando de nuevo ese gesto que implicaba un seguimiento. Dio media vuelta y se adentró en la cocina, una amplia estancia de colores blancos y negros, bien equipada pese a que ni siquiera le hacía falta, aunque con más polvo de la cuenta y todo desordenado. Se echó a un lado, dejando que fuese la misma Spada quién contemplara una de las zonas que tenía que mantener en un estado adecuado:

-En esas estanterías tienes una vajilla entera. Tienen más de 200 años, así que mucho cuidado con que se te resbale uno y se rompa, porque lo pagarás tú. -
Era uno de los recuerdos que se trajo del antiguo Londres, porcelana pura, demasiado cara y perfecta como para verla hecha pedazos.-Quiero que les quites el polvo y les des un buen lavado para que puedas usarlos... A cambio, podrás cenar algo más que dos míseras chocolatinas. Yo, mientras tanto, te observaré.

Y así se sentó en el taburete que había al lado de la encimera, cruzando una pierna sobre la otra y dejando que su sirvienta trabajara.




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MensajeTema: Re: Estableciendo las normas.[Spada]   Jue Feb 24, 2011 10:58 pm

Spada siguió caminando tras él, con el peso de la amargura yendo en aumento. Seguía digiriendo eso último, pensando en como alguien podía ser tan cruel y estúpido a la vez. Cruel, porque pedirle a alguien que renunciase a su naturaleza, y limitarle su forma original, era demasiado injusto. Y estúpido, porque limitar sus paseos al vecindario, forzándola a seguir una única ruta diaria que siempre sería la misma, significaba convertirla en un radar para enemigos o espías que no tendrían más que seguir sus pasos un par de días para encontrarle... Pero ella no era quien para decirle todo eso y, si alguien intentaba usarla para llegar hasta él, se encontraría con el filo de su espada interponiéndose.

Cuando él le dijo como debería dirigirse a él, estuvo apunto de, no sólo asentir, sino hacerlo de forma hablada con un "como usted diga, amo", dejando claro que sabía como dirigirse a él... Sin embargo, en cuanto añadió el último comentario, mucho más cruel y retorcido que el anterior, cerró la boca sin haber permitido a una sola apalabra salir de esta. Ahora sí que tenía claro que no quería hablar con él, prefería que siguiera pensando que no podía por el momento, aunque en un futuro se ganase un castigo por ello... Le había parecido demasiado cínico por su parte porque, si de verdad ella fuese muda, ese comentario seguramente habría sido muy doloroso.

Si bien se percató de la oscuridad de su mirada, no supo interpretarlo del todo, pues enseguida él volvió a hablar y toda su atención se centró en sus palabras, observando la cocina. De nuevo el orden y la limpieza brillaban por su ausencia, aunque fuese amplia y bien distribuída, y la joven immortal se preguntó cuanto haría que nadie servía en aquella casa, y a que se debería esa ausencia de un servicio... ¿Acaso los mataba cuando se aburría de ellos? ¿O quién quiera que sirvió allí, vivio algo similar a ella y...? No, no quería pensar en eso.

Asintiendo una sola vez, Spada se encaminó hacia la estantería, calculando la altura... Demasiada para ella. Por eso, sin decir nada, cogió otro taburete, cargando con el hasta la misma. De nuevo, sin ser muy consciente de que volvía a regalarle unas vistas mucho más privilegiadas gracias a su nuevo uniforme, la muchacha se subió a dicho taburete, pudiendo alcanzar así la estantería. Con sumo cuidado empezó a coger los platos, depositándolos en la encimera que tenía debajo, junto a él...
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MensajeTema: Re: Estableciendo las normas.[Spada]   Jue Feb 24, 2011 11:19 pm

Edouard no pareció caer en que la altura de la estantería era demasiada para Spada. Sin embargo, y una vez vio a la joven arrastrar un taburete, tampoco le pareció un motivo por el cual tuviera que preocuparse. Era su sirvienta y estaba destinada a obedecer sin importar los medios que utilizara para ello. Así, dejó que arrastrara dicho taburete para alcanzar la estantería, ladeando ligeramente el cuerpo para comprobar la tarea...

Y lo que no era la tarea. La escueta falda de la joven tapaba cuando estaban cara a cara, pero en una diferencia de altura tenía unas perfectas vistas de ambas piernas, y no conformándose únicamente con los muslos, no... Podía contemplar la ropa interior ajustándose a la cara interna, su intimidad recelosamente escondida, apretándose contra la fina tela. Edouard comenzó a perturbarse, principalmente porque ella tampoco se daba cuenta, algo extraño cuando dentro de sus tareas también entraban las de otro ámbito más... privado y placentero. La joven continuó depositando los platos a la par que el deseo atenazaba su ser, movido por unas sensaciones conocidas pero dífíciles de llevar a cabo en estos momentos.

Si hacía algo alguna pieza terminaría estrellada contra el suelo y no sería capaz de repararla, culpando, encima, a la misma Spada. Y era miserable, sí, y su falta de escrúpulos era bien conocida, pero no por ello buscaba destrozar dos cosas suyas de una tanda. Así, el vampiro bajó la mirada visiblemente más tenso que antes, sintiendo como su excitación le pedía una cosa y su cabeza otra. Sus ojos rojos se perdieron en la ventana de la cocina, como si a través del cristal pudiera adivinar la solución a ese pequeño pero incómodo problema...

Y la encontró:

-Y dime, Spada, no soy tu primer amo, ¿verdad? Te veo demasiado habilidosa y preparada para ello. -
Recalcó, volviendo a alzar la mirada, intentando ignorar en vano las vistas de su cubierta intimidad y buscando el rostro de ella de manera desenfocada.-¿Le abandonaste tú, o te abandonó él? -Probablemente no obtendría respuesta, pero tampoco perdía nada por intentar satisfacer algo más que su mero deseo carnal...

Su curiosidad.




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MensajeTema: Re: Estableciendo las normas.[Spada]   Jue Feb 24, 2011 11:33 pm

Spada continuó depositando uno tras uno, todos los platos de esa vajilla. Cuando terminó con los llanos, comenzó con los hondos, teniendo el mismo cuidado que con los anteriores, completamente concentrada en esa sencilla tarea que, si no se hacía con la atención requerida, podía terminar de forma desastrosa, sobretodo para ella... No se daba cuenta de las miradas que estaba recibiendo, y mejor así porque, de haberse percatado, seguramente el miedo se habría apoderado de su ser y ese desastre que intentaba evitar, se habría producido drasticamente.

Mientras comenzaba ya a depositar los platos pequeños, destinados a los postres o tazas de té, la muchacha escuchó la pregunta de su amo, mordiéndose el labio inferior de espaldas a él. Aunque el ensombrecimiento y miedo de su mirada no fueron visibles para él, pues ella ladeó estratégicamente el rostro, hubo otras cosas que pudieron delatarla: la tensión con la que todo su pequeño cuerpo se puso rígido, sus manos crispándose en torno a uno de los platitos, que se detuviera más de cinco segundos en su tarea...

Sacudió la cabeza, reaccionando, y asintiendo una sola vez, antes de renaudar su trabajo, comenzando a bajar las tazas. Sin embargo, su siguiente pregunta logró trastocarla demasiado, más todavía que la primera, y entonces todo fue demasiado rápido: Sus manos comenzaron a temblar, pillándola desprevenida... Con la mala suerte de que la taza que sostenía entre estas cayera al suelo, con un estruendoso sonido de porcelana rompiéndose... Y ante aquel error, la propia Spada resbaló, horrorizada por lo que había hecho, cayendo al suelo detrás de la taza rota.

Rápidamente se colocó de rodillas, rodeada de pedacitos de porcelana y terminó agachando el resto de su cuerpo, terminando con la cabeza apoyada en las manos y estas apoyadas en el suelo, en una total postura de sumisión casi venerable, suplicante sin lugar a dudas...

...Y entonces, mientras seguía temblando de pies a cabeza, fruto de un miedo que no sólo se debía a su error, sino a la pregunta desencadenante del mismo, la joven esclava esperó a que su primer castigo llegara.
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MensajeTema: Re: Estableciendo las normas.[Spada]   Jue Feb 24, 2011 11:46 pm

Edouard era una persona perspicaz y demasiado curiosa. Estudiaba reacciones, comportamientos y respuestas ante prácticamente cualquier cosa... Y la que Spada le dio, más allá del silencio, fue bastante explícita. Notó como todo su cuerpo tensaba, como apartó el rostro, como se detuvo en la tarea que estaba llevando a cabo cuando antes lo hacía casi por automatismo, sus piernas apretándose por esa misma tensión, la sangre acelerándose...

Pero supo que fue la segunda pregunta la que terminó por descencadenar una fatal cadena de sucesos. Las manos temblaron, la taza resbaló y el sonido de la porcelana rompiéndose en pedacitos inundó la estancia. Edouard no daba crédito a lo que veía, puesto que, para más sufrimiento personal, Spada fue detrás, resbalando del taburete y dándose de bruces contra el suelo. Prácticamente al instante su sirvienta su colocó en una posición sumamente dócil y humillante... Sin embargo, el vampiro continuaba completamente estático. Había sido claro, mucho, con lo que tenía que hacer y las consecuencias del fracaso, y ahora la situación se había dado. Su mente barajba muchas opciones, desde satisfacer ese deseo en forma de castigo sexual hasta darle unos buenos azotes para que recordara que, en su presencia, los nervios estaban de más, sobraban.

Sin embargo, una parte de su ser continuaba dándole vueltas a la causa de todo aquello. ¿Tanto lae había chocado la pregunta, o era la posible respuesta la que temía y la que provocó aquello...? Edouard, por fin, movió ficha: Alzó una mano y se la llevó al mentón, pensativo. Había sido una taza y, a decir verdad, la parte más importante de la vajilla, la realmente antigua, era la de los platos, los cuales estaban sanos y salvos en la encimera:

-¿Te has hecho daño...? -
Preguntó en un susurro, levantándose del taburete. La rodeó como si de una pantera se tratase. volviendo a tener una maravillosa vista de su trasero para, después, volver a su sitio.-Se supone que ahora tengo que castigarte por haber roto una pieza, como te he dicho... ¿No? Pero, casualidades del destino, hay algo que me interesa más. -Volvió a levantarse, arrodillándose enfrente de ella y alzándola del mentón. Clavó su frente en la de la joven, sus ojos rojos chocando como dos ígneas espadas contra los castaños de ella. Iba a leer la verdad, le gustara o no.-Repetiré la pregunta: ¿Le abandonaste tú... O te abandonó él?




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MensajeTema: Re: Estableciendo las normas.[Spada]   Vie Feb 25, 2011 12:12 am

Los temblores prosiguieron, agitando todo su cuerpecito, sin que variase en su postura. El silencio se extendió en torno a ambos, tenso e incómodo, mientras los segundos pasaban, ella no dejaba de temblar y él no hacía ni decía nada. Pero ella seguía esperando, esperando, esperando... Esperaba ese castigo que él había advertido y que ella se había ganado con su torpeza. Para muchos, incluso una estúpidez así no era digna más que de, si cabía, una llamada de atención... Pero para ella, al margen de que él hubiera avisado, cualquier pequeño error estaba acostumbrada a que se convirtiese en una posterior tortura, desmesurada para la causa.

Sin embargo, para su sorpresa, lo primero que escuchó no fue ni un insulto, ni una humillación, ni una reprimenda... Lo que escuchó fue una pregunta, la pregunta sobre si ella se había hecho daño... ¿Desde cuándo eso era importante para él? No supo responderse por lo que, perpleja, negó con la cabeza, que seguía colocada en esa incómoda posición, mientras le sentía acercarse. Sintió además como le rodeaba, como si fuese un depredador y ella la presa sobre la que se abalanzaría en cuestión de segundos... Y de nuevo esperó, esperó que se le echase encima, que hiciese algo, mientras le escuchaba hablar...

...Pero de nuevo, no hubo nada, nada más que ese acercamiento por el cual, alzándola del mentón, la obligó a abandonar su postura y quedar únicamente de rodillas, viéndose forzada a mirarle. Habría sido algo encontrado como gentil y noble para ella, incluso agradable, de no ser por la pregunta que lanzó a continuación...

Spada se tensó aun más, sacudida por los temblores y, de forma brusca, ladeó el rostro, cerrando los ojos con fuerza... Al principio fue un mero ronroneo, casi inaudible, lo que empezó a romper su silencio, mientras, con una caída de sus largas pestañas, las lágrimas comenzaron a surcar sus mejillas. Después fueron, en apariencia, un par de suspiros, fruto probablemente del inaudible llanto... Pero al cabo de unos segundos quedó claro que era algo más: la respiración fue acelerándose, y los primeros jadeos ahogados comenzaron a hacerse notar.

Pronto la ansiedad se adueñó del todo de ella, haciendo que sus temblores aumentaran el ritmo, hasta el punto que la propia mano de Edouard vibrase bajo el rostro de la joven esclava...
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MensajeTema: Re: Estableciendo las normas.[Spada]   Vie Feb 25, 2011 12:55 am

No encontró lo que buscaba en los ojos castaños de la muchacha, pero tampoco le hizo falta. La tensión parecía salir despedida de cada una de las fibras del ser de Spada, como si no soportara haber escuchado por segunda vez la misma pregunta. Edouard parpadeó una única vez, sin comprender como una mera pregunta hecha sin mala intención, por curiosidad, lograba trastocar tanto a una persona...

Respuesta que encontró cuando la cosa fue a peor. El ronroneo se convirtió en suspiro a la par que las lágrimas caían liberemente de ese aniñado rostro, y los suspiros comenzaron a convertirse, con el paso de los segundos, en acusados y constantes jadeos. El vampiro no necesitó ser muy inteligente para ver un claro ataque de ansiedad, uno del cual se sorprendió y, esta vez, no gratamente... Su mente ató cabos, relacionó unas cosas con otras y descubrió, muy a su pesar en esta ocasión, la respuesta a su pregunta principal, a aquella que la había hecho caer con una taza y que ahora le hacía sufrir de esa manera: Lo importante no era quién, si no el por qué. Era el motivo y la causa de esa separación lo realmente perturbador, tanto que lo que había generado indagando era un ataque de ansiedad en estado puro.

Se sintió sumamente miserable y culpable. No le había bastado con una primera reacción que había buscado una segunda con ahinco. La había dañado, había atormentado su baúl de los recuerdos y los había hecho demasiado recientes... Y si se sintió culpable fue porque a él mismo le sucedía. No quería que nadie se acercara a ese rincón de su mente, que nadie le reavivara de forma dolorosa todos los recuerdos amargos de su vida, desde... Ella, hasta él. No, lo detestaba, detestaba ese tipo de acercamiento... Y acababa de acercarse a uno ajeno. Edouard frunció el ceño, alcanzando esa conclusión en cuestión de escasos segundos...

Y, entonces, se olvidó de todo. Se olvidó de esa frialdad mezclada con acidez y altivez exhibida desde que le había conocido, se olvidó de las posiciones de ambos y de los recuerdos... Se olvidó, y dejó que el hombre ganara la primera batalla en mucho tiempo. Su rostro pareció cambiar, sus facciones relajarse cuando la tensión abandonó su cuerpo, sus ojos volviéndose de un rojo más claro y cristalino... Incluso su voz adquirió un tinte calmante:

-Spada... Spada. -
La alzó de nuevo del mentón, pasando una de sus manos enguantadas por su mejilla y rebañando las lágrimas que continuaban cayendo. La tomó después de las manos y la levantó a la vez que él, estrechándola entre sus brazos, buscando una comodidad no solo para ella, si no para él. ¿Cuánto hacía que no abrazaba a nadie...? Estaba traicionando sus principios de esa forma, rompiendo aquella promesa que hizo años atrás... Pero poco le importó en ese momento:

-No tienes que responderme, no es necesario. Cálmate, ¿de acuerdo...? Mira, si te calmas podemos preparar algo para que cenes. -
Lentamente la fue guiando hacia la pila de la cocina, buscando que bebiera un agua más que necesaria. Le sirvió un vaso con movimientos difíciles de seguir para la vista, dejándolo en la encimera dispuesto a ser vaciado.- Bebe... Por favor. -Dos palabras que generalmente no existían en su vocabulario...

Pero en ocasiones la maldad no es suficiente para mantener las cadenas de la soledad y la desconfianza.




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MensajeTema: Re: Estableciendo las normas.[Spada]   Vie Feb 25, 2011 1:28 am

El tiempo que transcurrió desde aquel inicio de la ansiedad, se le antojó tan agónico como lento, mientras los ahogados jadeos se volvían más constantes, y el oxígeno comenzaba a llegarle con mayor dificultad. Pronto los temblores se convirtieron en sacudidas, demasiado bruscas, que la obligaron a abrazarse a si misma para evitar que fuese a peor... Y nada pasaba, los segundos seguían, constantes, sin que algo sucediera.

Sus ojos castañados, llenos de lágrimas y con una mirada perdida, aterrorizada y desorientada, se fijaron en los de Edouard, que parecían haberse vuelto más... ¿Transparentes? No supo discernirlo, demasiado agitada y alterada, cerrando los ojos al sentir como los dedos de una enguantada mano limpiaban los restos de su llanto. Se dejó alzar al sentir el agarre en sus manos, tambaleándose ligeramente... Y entonces, sintió como la abrazaba. Se quedó estática unos segundos, salvo por los temblores que proseguían, jadeante y nerviosa. Pero finalmente logró rendirse a ese gesto, apoyando ambos brazos en el pecho de él, con los dedos aferrándose a la tela de su camisa mientras se convulsionaba, presa de un llanto que, poco a poco, fue serenándose junto con su respiracion...

Para cuando él comenzó a guiarla hacia la pila, tranquilizándola al asegurarle que no tenía que responder a aquella trastocadora pregunta, los jadeos habían cesado, aunque su respiración seguía estando notablemente alterada. Con manos temblorosas tomó el vaso, acercándoselo a los labios despacio, sin poder evitar derramar un par de gotas. Logró beber finalmente, con cierta dificultad, y entonces, despacio, su respiración comenzó a normalizarse.

Volvió entonces a alzar su mirada castaña hacia él, observándole con una mezcla de vergüenza, culpa, arrepentimiento y temor... Pero sobretodo, por encima de eso, se leían dos emociones: una, la del dolor que recordar generaba en su alma..., otra la de la gratitud debido a lo que acababa de hacer por ella... Y quizá por eso, hubo algo nuevo que sucedió, algo que se manifestó cuando entre abrió los labios al recuperar un poco la compostura:

-Gracias, señor..., -Dijo, dejando que por primera vez su voz aniñada fuese escuchada- ...muchas gracias.
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MensajeTema: Re: Estableciendo las normas.[Spada]   Vie Feb 25, 2011 1:50 am

Edouard se separó lentamente conforme Spada parecía recuperar la conciencia sobre sí misma. Dejó de jadear, y pese a que su pecho seguía subiendo y bajando con bastante insistencia lo peor ya había pasado. La dejó beber agua, encontrándose después con esos dos ojos castaños que reflejaban cosas tan dispares como reales, desde el temor y la culpa hasta la gratitud por lo que acababa de hacer...

Y, entonces, ella habló. El vampiro pareció no reaccionar en un inicio, como si no hubiera escuchado nada y todo hubiera sido cosa de su imaginación. Pero poco le duró la paranoia y la evasión, porque esas palabras habían sido articuladas, y esa voz aniñada había sido perfectamente escuchada. Entreabrió los labios y abrió más los ojos presa de la sorpresa, sintiéndose repentinamente imbécil al haber pensado que era muda:

-¿Puedes... Hablar...? ¿Pero por qué hasta ahora...? Yo no... No lo entiendo. -
Murmuró, llevándose una mano a las sienes. No solo tenía que aceptar algo tan chocante de buenas a primeras. Se había mostrado, había dejado ver esa parte de su ser que guardaba con recelo, ese humano escondido detrás del monstruo, demasiado dañado y dolorido como para volver a salir... Y una parte no quería hacerlo de nuevo, quería imponer las barreras de la distancia y la frialdad, mientras que otra parecía primar por la continuidad de ese estado y la incógnita del futuro.-...De nada. Me has preocupado.

Murmuró, dándole la espalda y mirando de nuevo a la ventana. Dudaba, y esas dudas estaba quedando reflejadas en su mirada entremezcladas con la culpa por lo que había causado. "Lo siento", quiso decir, pero no le salió, su habladuría vanal reducida a cero en cuestión de segundos...

Y, así, el vampiro se convirtió en perfecta estatua de mármol, estático, dubitativo y culpable... Humano.




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MensajeTema: Re: Estableciendo las normas.[Spada]   Vie Feb 25, 2011 2:13 am

Consciente o no de la perplejidad que había provocado en su amo, Spada no dijo nada en un inició, terminando de beber del vaso. Tuvo que ponerse una vez más de puntillas para dejarlo correctamente en el fregadero, dejando caer después sus talones sobre el suelo y girando grácilmente. No se daba cuenta de que todavía seguía rodando, de cuando en cuando, alguna que otra lágrima, y aunque los temblores habían cesado, sentía un hormigueo en las manos, como si los dedos se hubiesen quedado entumecidos.

-Porque no tenía nada importante que decir... -Respondió sencillamente, abriendo y cerrando sus manitas en busca de recuperar la sensibilidad de estas. Se mordió el labio inferior, sin saber muy bien qué decir... Una sensación acrecentada cuando él le dio la espalda, sintiendo que debía decir algo o todo se estropearía- Os pido disculpas por mi vergonzoso comportamiento y mi estúpida reacción, así como por la taza rota... Comprendo que era muy valiosa y que debo pagarla de la forma que consideréis correcta, amo, y os aseguro además que no volverá a pasar algo similar -Aseguró, su voz dulce sonando tímida, casi asustada, pensando en un primer momento que el hecho de que le diera la espalda se debía a algún tipo de enfado...

Sin embargo, algo le decía que no se debía a un motivo tan simple. Dio entonces un par de pasos hacia él, quedándose a su espalda, sin acortar del todo la distancia y quedarse a su lado, pues no se atrevía. Sus ojos castaños, todavía llorosos y dolidos, se perdieron por la ventana, observando la luna, que jugaba a esconderse entre las nubes:

-De nuevo os agradezco que, pese a mi error, me ayudaráis, señor... No teníais porque preocuparos por alguien como yo, pero lo hicistéis... -La tristeza fue visible en esas palabras, pues más bien parecía no estar acostumbrada a que nadie se portase así con ella- ...si puedo hacer algo para compensarlo y agradecéroslo...

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MensajeTema: Re: Estableciendo las normas.[Spada]   Vie Feb 25, 2011 2:23 am

No había nada importante que decir, dijo Spada... Algo que acrecentaba esa sensación de que sus habladurías no eran más que eso, vacías y carentes de cualquier emoción o sentido. Quizá estaba en ese matiz la clave, en el hecho de no saber expresarse, de no querer transmitir con su voz aquello que sentía... Pero, ¿cómo hacerlo si se negaba esos sentimientos? Escuchó todo lo que su sirvienta le dijo, viéndola ahora como una chica a la que le había hecho daño más que como su sierva, pero no se produjo ninguna reacción en el cuerpo de Edouard.

Sí, había roto una taza, y sí, él mismo había dicho que recibiría un castigo de ser así, un castigo que ella misma estaba dispuesta a aceptar recompensándole de la forma queél creyera oportuna. Su mente continuó analizando detalles, pequeñas cosas que podía decudir, como ese acento italiano en el perfecto inglés de la muchacha, o la tristeza que evidenciaba sus palabras, como si... Como si tuviese que decirlas por automatismo y costumbre más que por gusto u oficio:

-No tenéis nada que disculpar, ya está todo arreglado. -
Matizó aún con la voz baja y ligeramente ronca, crispando sus manos sobre la encimera.-En cierto modo sí tenía porque... -Murmuró más bajo aún, aunque su motivo no era precisamente que fuera su sierva, si no más bien la culpabilidad que atenazaba su garganta constantemente. Los segundos pasaron y los gélidos nervios de Edouard parecían romperse cada vez más, algo que se evidenció cuando, lentamente, se dio la vuelta, apoyándose en la encimera y mirando fijamente a su sirvienta...

Esta vez fue él el que no habló, el que no necesitó palabras... La culpa de su mirada ya era más que suficiente.




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MensajeTema: Re: Estableciendo las normas.[Spada]   Vie Feb 25, 2011 2:39 am

"No tenéis nada que disculpar, ya está todo arreglado..." Las palabras le llegaron de forma tan inesperada, que no pudo evitar sobrecogerse ligeramente... ¿Quería decir eso que ya estaba, que encima de que le rompía una taza y tenía semejante reacción, no solo la ayudaba sino que no había castigo? Spada tragó saliva, con incredulidad, sin saber muy bien qué hacer o qué decir...

Le observaba fijamente, con las manos crispadas sobre la encimera y la voz ronca, como si estuviera conteniéndose por algún motivo, y sintió que dentro suyo algo se removía por dentro, como si un nudo se le formase en el estómago. Sus posteriores palabras, no obstante, fueron malinterpretadas, rompiendo su sorpresa y devolviéndola a la aparente realidad, tan cruda y fría como siempre...

-Entiendo... -Se limitó a responder en un susurro: era su sirvienta y seguramente, habiéndose tomado las molestias de traerla hasta aquí, no querría perderla en la primera noche. Por eso la había ayudado, porque la prefería intacta a inservible, algo que volvería inútil todo lo hecho hasta ahora... O eso fue lo que, en su confusión, la muchacha terminó por creer.

Sin embargo, cuando se giró inesperadamente, quedando cara a cara con ella y quizá demasiado cerca, la joven esclava sintió que quizá se equivocaba: Leyó aquella culpa en su mirada, sin comprenderla en todo, demasiado sorprendente como para ser cierta... Y por primera vez, no supo exactamente qué hacer. Le observó, sus ojos castaños fijos en los de él, tristes, humedos y apagados:

-Puedo... -La timidez fue visible en su voz, confundida y sin saber qué hacer, pero queriendo hacer algo- ¿Puedo hacer algo por vos ahora, amo? -Su mirada adquirió entonces un matiz suplicante, pidiéndole sin palabras que, por favor, borrase esa culpa y le dejase de algún modo agradecerle lo que había hecho por ella...
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MensajeTema: Re: Estableciendo las normas.[Spada]   Vie Feb 25, 2011 2:55 am

La estaba confundiendo, lo sabía, pero más confundido estaba él. No entraba en los principios de una sirviente ver como su amo no la castigaba por un comportamiento inapropiado, ni mucho menos contemplar esa culpa en su mirada rojiza y no saber qué hacer. Necesitaban órdenes, directrices y peticiones y, en ese mismo momento, con ese justo pensamiento, la existencia de Spada se le antojó sumamente triste. ¿Se habría sentido libre alguna vez, sin cadenas ni prisiones...? Él se sintió así hacía ya mucho tiempo, tanto que apenas recordaba la sensación, pero ahora sus cadenas eran otras, las de la immortalidad y la necesidad de sangre.

Así, Edouard hizo algo que pocas veces había hecho: Retractarse. Entreabrió los labios, tomando aire y buscando serenar ese revuelo de sensaciones que causaba estragos en su frialdad sin éxito, permitiéndose finalmente hablar, aunque con la voz demasiado cargada y reticente como para no sonar, en efecto, abrumado:

-Primero de todo... Rectificar. Puedes... Pasear en tu forma animal. -
No iba ser él quién le privara de sus libertades más básicas. Trabajaría para él y obedecería órdenes, pero ni aún con esas era quién para negarle la existencia a un ser como el que tenía delante. Después, Edouard negó con la cabeza, aún demasiado aturdido y confundido como para ese gesto quedara sincero.- Podeis retiraros si lo deseais, yo recogeré el estropicio y esperaré al alba... -Cualquier rastro de altivez u orgullo había desaparecido, pareciendo estúpidamente débil y cercano. No podía permitírselo, pero, ¿cómo frenar algo que surge sin más, sin avisar...?

Volvió a encararse con la encimera, separando su rojiza mirada de la castaña de la joven, perdiéndola de nuevo en el ventanal, en la Luna brillando sobre el jardín algo descuidado:

-Dicen que la Luna nos habla con su luz. Cuando está llena es feliz, plena de vida. La Luna muere y comienza a nacer hasta completarse de nuevo, haciéndonos partícipes de su estado con la iluminación...
-Pasaron un par de segundos de completo y absoluto silencio, justo en el momento en el que unos pequeños rayos se filtraban en la cocina, iluminando su figura y dándole un tinte tenue y etéreo.-... No me hagáis caso, desvarío. Buenas noches, Spada.

Zanjó la conversación por mero automatismo. No quería que se marchara, pero tampoco era capaz de superar escollos que él mismo colocaba en el camino y mostrar sinceridad...




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MensajeTema: Re: Estableciendo las normas.[Spada]   Vie Feb 25, 2011 3:20 am

Spada no supo qué decir ante las palabras que a Edouard tanto pareció costarle pronunciar. Hacía largos minutos le había odiado por esa prohibición, encontrándola cruel y fruto de su futura desdicha, algo que él parecía ver justo... Y de repente, sin que hubiera un motivo aparente, quería rectificar y permitírselo. Cruzó las piernas, frente a él, comenzando a hacer círculos con la punta de su zapatito, mientras sus pequeñas manos se entrelazaban sobre su regazo, con nerviosismo. Le miró fijamente, confundida, como si no terminase de comprenderle, buscando responder....

-Oh... -Soltó estúpidamente. "Genial Spada, premio a la frase del año". Logró reaccionar segundos después, cuando él había seguido hablando- Gracias... De verdad, amo, no sabéis lo mucho que os agradezco esa permisividad... -Sus ojos castaños reflejaron esa gratitud, como dejando claro que, de no ser por ese cambio, seguramente la habría matado de pena... Y tras eso, negó agitádamente con la cabeza- No, señor, mi trabajo es mantener esto ordenador, al fin y al cabo para eso os sirvo... Y siendo que yo misma lo he causado, más motivo hay para que sea yo quien lo recoja -Dijo, dejando claro que, siendo ella una sirvienta, era su deber recogerlo aunque lo causara él... Pero encima, había sido ella, y había salido impune- Vos no me habéis castigado teniendo derecho a ello... Pero eso no quita que haya sido culpa mía y de mi torpeza.

Se agachó entonces a recoger los pedazos, en lo que él se dio la vuelta. Movida por esa sensación que se acrecentaba en su interior, la muchacha cogió uno de ellos, ni muy grande ni muy pequeño, y se lo guardo en el bolsillo del pequeño delantal que adornaba la falda de su uniforme... No sabía exactamente por qué lo hacía, pero tenía la sensación de que quizá necesitase recordar lo sucedido aquella noche en algún momento.

Una vez hubo tirado el resto de los pedazos, Spada volvió a acercarse a él, quedándose a un par de pasos, a su espalda. Escuchando sus palabras, perdió sus ojos castaños por la ventana, observando la luna... No pudo evitar conmoverse por dentro, incrementándose todavía más esa sensación, mientras negaba con la cabeza:

-La Luna nunca puede tener una felicidad eterna, por eso se llena de ella una vez, y luego termina por morir de pena... Pena por un amor imposible, porque nunca podrá estar al lado de su amado, el Sol... -Comentó, comenzando a recordar una historia que creyó tener olvidada- Se aman, pero fueron condenados a no poder estar juntos... Así el Sol sale de día, y la Luna de noche. Y al atardecer, cuando él se esconde por el oeste, la Luna sale por el este, y solo durante un instante pueden verse desde lejos, pero nunca unirse... Por eso la Luna se deja morir, pero siempre vuelve, con la esperanza de que esta vez, un eclipse les permita estar juntos otra vez -Se dio cuenta entonces de lo que acababa de contar, la historia con la que él alabó una vez su verdadero nombre. Y se la acababa de contar a Edouard, a su amo, aquel con quien no debía cruzar jamás las distancias establecidas...- Disculpadme, amo... Soy yo y no vos quien desvaría -Se mordió el labio inferior, azorada, dispuesta a marcharse- Os dejaré solo, no deseo importunaros más...
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MensajeTema: Re: Estableciendo las normas.[Spada]   Vie Feb 25, 2011 3:40 am

Edouard no se molestó en frenarla cuando se encaminó a recoger, total, ¿de qué iba a servir? Ella seguía viéndolo de la forma en que se tenía que ver, con una sirvienta sirviendo a su amo en todo aquello que le viniera en gana. Decirle que no habría implicado una posterior discusión y, misteriosamente, se le habían ido las ganas de tener algo así. Continuó como si nada, escuchando el suave roce de la tela contra el suelo cuando Spada se agachó, sus ojos rojos perdidos en algún lugar lejano y pasado más que en el jardín que tenía enfrente...

Y así fue hasta que escuchó las posteriores palabras de la joven. Lentamente, como si con esa historia se estuviera creando algún tipo de influjo, el anciano vampiro ladeó el rostro, después el cuerpo y finalmente todo él, quedando recto en toda su altura de cara a ella. Escuchó como nunca había escuchado a nadie, sorprendido al ver tal historia, o mejor dciho, al ver que era ella quien se la contaba. No se lo creía, le costaba, y esa incredulidad fue más que visible en sus ojos borgoña durante varios segundos. De hecho permaneció así, en esa postura perpleja y estática, cuando ella terminó de hablar, haciendo ademán de marcharse.

Algo le dijo que se arrepentiría eternamente si la dejaba marchar ahora. Conciencia, sentido o común o necesidad de compartir, lo que fuera, pero algo era... Y ella ya había dado media vuelta. Los segundos de repente pasaban muy rápido, como la arena que intentas atrapar entre los dedos y se escurre tras tener un momento de poder:

-Espera. -
En un movimiento inconsciente se separó de su particular refugio, estirando unos de sus brazos y tomando el de ella... Pero no la movió ni la giró. Únicamente la sujetó, como si con eso fuera suficiente para retenerla. La magia se había establecido, la burbuja se había creado... Y romper algo nada más nacer habría sido sumamente doloroso. Se mantuvo así, sujetándola del brazo con una suavidad inusitada, carraspeando ligeramente.- Es una historia... Preciosa. Hacía tiempo que no oía tal belleza en algo tan triste. No todo el mundo es capaz de verla, quedándose la mayoría con la pena de la Luna... Pero lo bello que es que siempre vuelva es algo que no todas las personas saben ver. -Hablaba demasiado, pero poco le importó en ese momento, liberado ya del todo:

-Sin embargo, esos ciclos no siempre se cumplen... En ocasiones la Luna se queda sin Sol, o el Sol, sin la Luna... decidme pues, Spada, ¿qué sucede en ese caso...?
-Preguntó ciertamente conmovido por la historia de la joven, dándose cuenta en ese momento de que la tenía sujeta...

Y, misteriosamente, no soltándola...




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MensajeTema: Re: Estableciendo las normas.[Spada]   Vie Feb 25, 2011 3:57 am

Ya se había girado, apunto de iniciar su marcha hasta la puerta, pensando que nada la retenía en aquella estancia y que él querría quedarse sólo con sus pensamientos... Pero entonces, algo la detuvo:

"Espera...", dijo él, tomándola con suavidad de uno de sus brazos. Pese a tensarse ligeramente en un inicio, Spada finalmente se relajó, sin hacer ademán alguno de librarse de ese agarre. Despacio ladeó el rostro, sin romper el agarre tampoco al hacerlo. Se quedó entonces mirámdole, sus confundidos ojos castaños fijos en esas dos orbes borgoña, guardando un silencio expectante... Y escuchándole una vez más cuando habló.

-Es uno de los más bellos retornos... -Asintió, dándole la razón, meditando después su pregunta- Que debe esperar y seguir su ciclo porque al final, la naturaleza se impondrá... Y entonces aparecerá un nuevo sol, o una nueva luna: No puede ser eternamente noche ni eternamente día... Aunque no sepamos verlo en ocasiones, pero los rayos siempre vuelven a brillar -Era una de las pocas veces que reflejaba esperanza, y lo estaba haciendo ahora, en aquel momento...

Y tras eso, guardó silencio, sin volver a hacer ademán de marcharse, sin decir nada, solo leyendo de esa mirada tan compleja, tan profunda... Estaba presa de esa burbuja mágica y repentina y lo peor era que no quería librarse de ella, aunque eso generase un aumento de ese nudo interno, y supiera que después podría arrepentirse cuando el hechizo se rompiera y la cruda realidad volviera a abrirse paso y devolverles a sus posiciones distanciadas... Ni si quiera pareció molestarse porque no la hubiera soltado, permaneciendo con el cuerpo a medio girar y el rostro volteado, sus ojos sin despegarse de los de Edouard. No supo qué fue lo que la empujó después a querer decir algo, pero fue incapaz de callarse por más tiempo:

-Mi nombre no es en verdad Spada... -Confesó sin saber por qué- ...Mi nombre es... -Inspiró hondo, exhalando después el aire en un lento suspiro- Luna.
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MensajeTema: Re: Estableciendo las normas.[Spada]   Vie Feb 25, 2011 4:10 am

Edouard no pudo evitar sentir cierto desdén ante las palabras de su sirvienta. Por una parte quería creerlas y agarrarse a ellas, confiar en esa esperanza que la misma Spada estaba manifestando aún en la peor de las situaciones y lograr ver las cosas con algo más de perspectiva... Pero los siglos de vida y las heridas de su pútrido corazón no estaban cerradas, continuaban supurando rencor hacia todo en general y desconfianza hacia el mundo que le rodeaba. Se encontraba en otra de esas malditas encrucijadas, una de esas en las que tenía que elegir un camino sin retorno, sin posibilidad de vuelta ni arrepentimiento.

Su mente pareció volar a la Francia de hace siglos, cuando su vida se basaba en aprender las dotes del comercio y flirtrear con las damas del castillo. Pero de entre todas fue a gustarle la más rebelde y la menos interesada por su persona. Quizá fue su dulzura o su forma de ser, pero el por aquel entonces joven Edouard se encaprichó de ella. Sin embargo, no obtuvo nada hasta que ese capricho se convirtió en amor, un amor arrebatado desde lo más hondo de sus entrañas. Engañado, ultrajado y humillado, condenado a tener como mayor tentación la persona que más odiaba... No, nunca olvidaría esa pesadilla.

Y, sin embargo, hubo algo que, si bien no la eliminó, la apartó de sus recuerdos y la hizo volver a la realidad: El verdadero nombre de Spada, Luna. Ahora lo comprendía todo y veía ese peculiar y cargado de significado juego de palabras. ¿Habría perdido a su Sol, o nunca existió? Lo que tenía claro era que la tristeza de esos ojos castaños podía rivalizar con la suya, y que algo sucedió para que así fuera:

-Luna... -
Murmuró, dando un paso al frente y acortando las distancias-La Luna se marcha entristecida cuando llega el alba, con el único resguardo de haber visto al Sol durante un instante... Y espera cada noche que ese momento se de, ¿no es así...? -Acortó aún más las distancias, como si el espacio entre ambos le perturbara en vez de relajarle. Con un grácil movimiento terminó de girarla hacia él, su rostro aún ensimismado, demasiado humano y caracterizado como para que siguiera pareciendo frío mármol.- Y dime, Luna... ¿A quién esperas? -Su rostro comenzó a acortar las distancias con el de la joven. Los centímetros se desvanecían a cada instante que pasaba, y pronto su aliento se entremezcló con el de ella...

Hasta que, finalmente, ambas bocas se fundieron en un beso que él mismo inició.




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MensajeTema: Re: Estableciendo las normas.[Spada]   Vie Feb 25, 2011 2:11 pm

En aquel momento, ella supo que había dejado de ser Spada y había vuelto a ser Luna, esa Luna que se prometió no volver a ser en cuanto él se fue... Atrapada en la oscuridad y temerosa de ser una luna sin sol, ella olvidó su nombre, olvidó sus sentimientos, y se entregó al dolor de su eterno encierro, ese en el que siempre era noche. Y allí llegó a creer que realmente, la luna había muerto, y que nunca volvería a salir... Hasta ahora. Pero..., ¿Por qué ahora? ¿Y por qué con él, un completo desconocido al que había jurado lealtad y servidumbre hacía apenas unas horas?

Durante unos instantes, ambos parecieron sumirse en el dolor de los recuerdos. Ella, con su mirada castaña llena de melancolía y pena, no pudo evitar leer en la de Edouard algo muy similar... ¿También él había perdido a aquel que iluminaba su vida, y se había quedado por completo a oscuras? Intuyó que así fue, aunque desconociera los motivos y las circunstancias... Pero que él había sufrido también, y que ese sufrimiento explicaba su forma de tratar al mundo y su soledad, también era evidente.

Luna vio como él se iba acercando, y se dejó girar, perdiéndose en la repentina humanidad de ese rostro. Escuchó sus palabras, y toda la tristeza de sus ojos chocolate pareció desaparecer. En aquel momento brillaron, tornando más profunda su mirada, como si de repente le hubiera iluminado la esperanza. Edouard seguía acortando distancias, y ella, inmóvil en toda su pequeña estatura, únicamente dejó que la inercia la hiciera alzarse un poco de puntillas, dejando sus pequeños talones fuera de los zapatos... Escuchó su pregunta y entonces, sonrió:

-A ti... -Respondió sin pensar, justo cuando ambos labios se sellaron con un beso...
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Edouard Léblanc
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MensajeTema: Re: Estableciendo las normas.[Spada]   Vie Feb 25, 2011 3:47 pm

Edouard se estremeció en cuanto ambas bocas se fusionaron, presa de la mezcla de curiosas, extrañas y terroríficas sensaciones que viajaban por cuerpo y alma. No fue tanto que le correspondiera como lo que dijo antes de hacerlo lo que provocó tal reacción. ¿A él? Se acababan de conocer hacía unas horas, nunca en la vida se habían visto y para cuando lo habían hecho ella iba a ser su sirvienta y él, su amo...

¿Cómo podía esperarle? Edouard no pareció entender que era el momento oportuno y la frase perfecta para la situación, pero tampoco le dio más vueltas, sus labios ocupados en degustar los de Luna. Jugueteó con ellos de una forma que solo la experiencia podía dar, acariciando de forma superficial con su lengua, dibujando el contorno del labio superior primero y del inferior después...

Pidió permiso para adentrarse más en su boca a la par que sus manos viajaban a la cintura de ella. Abrió un único ojo, rojizo y brillante, divisando una zona ideal y perfecta. Sin previo aviso y sin separarse de sus labios Edouard la alzó con suma facilidad, subiéndola en la encimera, colocándose entre sus piernas para un acceso más sencillo a sus labios sin tener que inclinarse demasiado. Ahora la tenía a su altura, por lo que sus manos comenzaron a recorrer la piel de la joven por encima de la tela, desde la cintura hasta el cuello ascendiendo por su rostro y perdiéndose finalmente en su cabello, una en cada trenza. El roce entre cinturas era ciertamente provocador, pero, en esta ocasión, Edouard no buscaba satisfacer su deseo sexual...

Se encontraba pleno, completo, solo correspondiendo a ese beso, separándose un par de centímetros para decir algo que evidenciaba ese estado:

-Aquí me tenéis... -
Susurró ronroneante, y esta vez no reanudó el beso... Únicamente se ofreció a ella, dejando que, si realmente le deseaba, si realmente le esperaba, fuera ella la que buscara sus labios y los degustara, y no al revés.




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