Vassalord
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 Marie, Marie... ¿Dónde estás? (Spada)

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Edouard Léblanc
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MensajeTema: Marie, Marie... ¿Dónde estás? (Spada)   Jue Feb 24, 2011 12:39 am

La luna brillaba, llena, en lo más alto del Cielo, iluminando con su tenue luz de forma fantasmagórica todo lo que rodeaba el viejo y, para muchos, encantado castillo. Una especie de sombra pareció oscurecer durante un momento el satélite para, segundos después, observar a una bandada de murciélagos que se arremolinaban en una de las almenaras. EN instantes se convirtieron en una masa negra y amorfa para dar paso a su figura. De traje elegante y corte antiguo, con el oscuro cabello rubio tapándole los ojos borgoña, Edouard había decidido hacer una visita a las ruinas...

Y, quizá, a Marie. Conocía la historia, y sabía que Marie había existido... Otra cosa era que continuase en estas mugrientas paredes y no hubiese cecidido emigrar a un sitio algo más... Cómodo y habitable. Un amago de sonrisa se esbozó en los labios del vampiro, dejando entrever unos brillantes colmillos a través de sus perfectos, como todo él, labios:

-Marie, Marie... ¿Dónde estás, Marie...? Las leyendas son absurdas, meras paparruchas inventadas por los humanos para satisfacer sus fantasías nocturnas. Pero yo voy por delante, a mí me gusta ver si la leyenda es real, o...
-Edouard dio un paso hacia atrás, precipitándose al vacío. Giró en el aire con brio, cayendo finalmente al suelo de pie, enfrente de la entrada.-...Mera inventiva...

Y, así, se coló dentro, parcialmente entretenido... Pero eternamente aburrido.




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Spada
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MensajeTema: Re: Marie, Marie... ¿Dónde estás? (Spada)   Jue Feb 24, 2011 1:02 am

La penumbra del castillo, tan sólo rota por la luz de la luna colándose entre los barrotes, resultaba ialgo intimidatoria. El juego de luz y sombras era constante, creando figuras fantasmagóricas en las paredes. No era, sin duda, un lugar alegre para pasar la noche... Pero cuando no se tenía donde vivir, cualquier techo era correcto.

Spada miró a su alrededor, mientras se frotaba los brazos, desprovistos de cualquier abrigo. Era un lugar muy frío, y mentiría si dijera que no le inspirara cierto temor. Sentía que las sombras de las paredes le acechaban, apunto de echársele encima. Pero se había retrasado demasiado tiempo en el bosque, y no podía arriesgarse intentando volver hasta la ciudad: Ya era un milagro que hubiera logrado llegar hasta ese lugar sin perderse en la oscuridad de la noche.

Estaba apunto de acomodarse en uno de los desvencijados sillones del hall, cuando escuchó una voz cercana a la entrada. Entonces, tan rápido como pudo, se transformó, adoptando su forma felina. Tratando de no hacer demasiado ruído, saltó tras el respaldo del sillón, pegándose a este. Enseguida escuchó los pasos del visitante, que se encaminaba hacia donde ella se encontraba, por lo que procuró guardar completo silencio...

Sin embargo, al cabo de unos segundos, la curiosidad fue demasiada, y no pudo evitar asomar ligeramente la cabeza, dando gracias a que la oscuridad pudiera camuflarla. Sus ojos, dotados ahora de una mejor visión nocturna, se entrecerraron, observando al extraño hombre con creciente recelo...
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Edouard Léblanc
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MensajeTema: Re: Marie, Marie... ¿Dónde estás? (Spada)   Jue Feb 24, 2011 1:13 am

Sus zapatos resonaban con la maltrecha piedra a cada paso que daba y, además, era un sonido que él mismo buscaba crear. Podía haber sido silencioso como un gato, pero la estaba buscando, y mejor avisar antes. Así, Edouard comenzó a enfrascarse en su propio diálogo mientras caminaba, los brazos extendido, sus manos enguantadas rozando una de las paredes con las yemas de los dedos:

-Perdona si no he llamado al timbre, Marie, pero no funcionaba. Vamos, sal de donde quiera que estés, uno necesita hablar, y las hormiguitas a estas horas duermen o se dedican a otros placeres que, ni me van, ni me vienen. -
El vampiro giró sobre sus talones, fijando sus ojos en lo que parecía el salón principal. Los mueves, carcomidos algunos y rotos otros, querían pasar a mejor vida sometiéndose al paso del tiempo. la chimenea hacía siglos que no se encendía, y la luz que entraba de la luna parecía convertir un lugar abandonado en un fantasmagórico baile de sombras, máscaras y figuras.

Sus ojos rojos no cambiaron en expresión, ni tan siquiera su rostro, el mismo amago de indescifrable sonrisa y la misma postura altiza y seductora de forma inconsciente... Pero su percepción le decía otra cosa. Había alguien en esa estancia, y no era un vampiro. Tampoco humano, por su olor... Curioso, muy curioso. Edouard continuó caminando, parándose en la chimenea, arrastrando motas de polvo con las yemas de sus guantes, manchando estos y dejando que el exceso cayera al suelo:

-¿No soy el único que viene buscando cuentos esta noche? -
Pareció preguntar al aire, como si estuviera loco. Edouard giró, dejándose caer en el silló que había justo enfrente de la chimenea, cruzando una pierna de forma elegante sobre la otra.- Id a buscadla, y si la encontrais, decidle que la espero en el salón... O quizá seais vos el que podais darme conversación desde las sombras- Utilizó un lenguaje arcaico, pero tanto la situación como el lugar así lo requerían. Sus ojos no se separaron de la chimenea, la sonrisa no se borró...

Pero el vampiro sabía que no estaba solo.




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MensajeTema: Re: Marie, Marie... ¿Dónde estás? (Spada)   Jue Feb 24, 2011 1:30 am

La escena que se presentó ante sus ojos, se le antojó, cuanto menos, exageradamente teatral. Y eso, lejos de tranquilizarla, aumentó aun más su recelo: Sin lugar a dudas, alguien que se paseaba en mitad de la noche por un castillo, llamando a un fantasma de esa forma tan dramatizada, como si se tomase en broma aquella leyenda y desafiase a la mismísima muerte, no debía ser de fiar.

Escuchó entonces la pregunta, cuando el desconocido pareció llegar a su altura. Ocultó la cabeza rápidamente, apoyándose contra el respaldo, meditando sus opciones. Lo que más sensato parecía, era quedarse ahí, escondida, hasta que quien quiera que fuera ese hombre, se cansase y se largara aburrido. Sin embargo, ese plan se vio frustrado en cuanto escuchó el crujido del sillón, y supo que le tenía sentado y que tan solo el respaldo les separaba.

Maldiciendo su suerte, aguardó unos segundos, pensativa... Y finalmente, de un ágil movimiento saltó, primero en el respaldo, junto a la cabeza del hombre. Luego, antes de que este pudiera intentar cogerla, volvió a saltar, al suelo, girando en la caída... Quedó entonces cara a cara con él, dando unos cuantos pasos hacia atrás y arqueándose entera, en posición defensiva.

Con sus ojos fijos en los del extraño, emitió un bufido, sacando las uñas y raspando ligeramente el suelo... No es que tuviera intención alguna de atacarle, es que, en un intento de disimular para librarse de él, quería comportarse como un gato callejero y receloso haría: dejando clara su animaversión hacia el, en apariencia, humano...
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MensajeTema: Re: Marie, Marie... ¿Dónde estás? (Spada)   Jue Feb 24, 2011 1:52 am

La respuesta que esperaba no tardón en aparecer, si bien no en palabras, sí en gestos. Un ágil gató saltó al respaldo del sillón, cayendo justo al lado de su cabeza. Sin embargo, Edouard no se movió del sitio, su mirada aún fija en la chimenea, dejando que en animal bajara al suelo y lo mirara fijamente. Entonces, y solo entonces, fijó sus ojos rojos en los del felino, el cual bufaba y se erizaba en señal de defensa.

¿Sabría ese pobre gato que aún no había cenado y que se le antojaba suculento...? No, probablemente no, pero tampoco quería terminar con algún arañazo estropeando su magnífica ropa. El vampiro agitó la cabeza, reconociendo esa presencia de antes en ese gato, sí... Pero no era un gato común, no se habría fijado en algo tan simple ni se habría dejado engañar. Sin embargo, parecía que el ser quería seguir con ese extraño juego, por lo que Edouard, viendo que lo de Marie eran meras patrñas inventadas por alguna persona aburrida, le continuó la gracia:

-Así que erais vos... ¿Puedo saber vuestro nombre, minino? Eres muy valiente, cualquier gato callejero se habría asustado y habría huido sin plantarse delante de un posible agresor... -
Estaba en el instinto de esos animales, el huir antes que el luchar, esconderse antes que dar la cara... Pero no pareció haber ironía en su voz, si bien su mirada discernía algo contrario, dejando entrever, de forma muy sutil, que el truco casi, casi, había colado.- ¿Has visto a Marie? -Preguntó después, cogiendo un poco de espuma del desvencijado sillón y tirándosela al ser, tratándolo como lo que supuestamente era, un mugriento animal que no tenía donde caerse muerto...

Menudo infeliz.




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MensajeTema: Re: Marie, Marie... ¿Dónde estás? (Spada)   Jue Feb 24, 2011 2:08 am

Aguardó, mientras todo su negro pelaje se erizaba de forma amenazadora. Al contrario de lo que muchos creían, no todos los gatos callejeros huían ante una presencia. Si se trataba de su territorio, lo defendían con uñas y dientes, y más si sentían acorralados... Y ella se sentía muy acorralada tanto que actuaba como un animal haría en aquella situación.

Sin embargo, las palabras del desconocido, le hicieron ver que la había delatado... ¿Cómo había podido saberlo? ¿Qué era él, y que clase de don le permitía detectarla así? Pese a ello, siguió sin contestar, dejando que largos minutos pasasen... La luz de la luna, abriéndose paso entre las nubes, se coló con más fuerza por los barrotes, iluminándola. La mancha blanca de su frente, en forma de media luna, fue visible entonces, y sus ojos felinos brillaron profundamente, recelosos.

El hecho de que bromease de nuevo acerca de aquella leyenda que envolvía el castillo, aumentó su sensación de que ese hombre era un fantoche, que vivía en un eterno teatro y se creía, por tanto, dueño de cualquier escenario y de todos los que por él campasen... Algo a lo que la bola de espuma ayudó, quedándole clara cual era su posición a ojos del susodicho. No era nada que le pudiera ofender, no le estaba permitido, pues era lo que conocía desde siempre... Y quizá por eso, la resignación terminó por adueñarse de ella, haciendo que tomase la decisión que antes había querido evitar.

Spada cerró los ojos, volviendo a su forma humana: Una harapienta falda corta y negra, que en su día debió de ser valiosa a juzgar por el encaje y el vuelo, y un corsé a juego, sin mangas y que daba la misma sensación, eran toda su vestimenta; los zapatos, con la redondeada punta desgastada, resonaron su tacón cuando dio un par de pasos hacia atrás; su flequillo rojizo cubría parcialmente sus ojos marrones, recogido en dos coletas su cabello; una espada, más bien un florete, colgaba a un lado de su cintura... Todo aquello, toda ella en su baja estatura, fue completamente visible para el extraño, gracias a que la luna no habia vuelto a esconderse entre las nubes.

Sin haber respondido a su pregunta sobre el nombre, se llevó entonces los desnudos brazos al torso, dejando las manos cerradas en puños bajo el mentón, en un patético intento de sentirse protegida...
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MensajeTema: Re: Marie, Marie... ¿Dónde estás? (Spada)   Jue Feb 24, 2011 2:22 am

Edouard esperó, y curiosamente su sonrisa se fue borrando conforme pasaron los segundos, buscando intuir por donde iba a salir el immortal, porque eso ya le hbaía quedado claro. Al final optó or la opción más sensata: No arriesgar la vida y mostrarse... O arriesgarla más, eso nunca se sabía. Se encontró de bruces con una muchacha de cabellos rojizos y estatura baja, de ojos castaños y ropas harapientas.

El vampiro la analizó de arriba a abajo con una tranquilidad heladora, como quien contemplaba un escaparate en lugar de un ser humano. ¿De dónde había salido, de un cubo de basura...? Olía a suciedad, las ropas estaban llenas de jirones y manchas, aunque logró ver, por encima de ello, cierta calidad en la tela que con el uso y el tiempo se había perdido por completo, así como cierta belleza en ese cuerpo y esas facciones que de nuevo la suciedad y el lamentable estado de la joven se encargaba de romper. Edouard se llevó una mano al mentón, ladeando el rostro un par de centímetros en actitud pensativa. Conocía a las sirvientas, una raza peculiar y muy trabajadora en todos los aspectos con sus respectivos amos. Leales hasta prácticamente la muerte, suponían tanto un entretenimiento como una evasión de las tareas aburridas y cotidianas...

Pero le costaba imaginarse a alguien tan descuidado como para dejar que su sirvienta vagara de noche por el castillo y con esas condiciones. Sin embargo, sus ojos no reflejaron ninguna de estas deducciones, limitándose a volver a sonreir y mirar fijamente ese intento de autoprotección que, todo sea dicho, le serviría de más bien poco:

-Bien, veo que has recapacitado... Y ahora, dime, ¿me espiabas? -
Preguntó, inclinándose un poco hacia ella, generando una amenaza y una sensación de peligro desmesuradas... Buscaba sorprenderla, trastocarla para, así, obtener información.




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MensajeTema: Re: Marie, Marie... ¿Dónde estás? (Spada)   Jue Feb 24, 2011 2:44 am

Se sintió, como ya había sucedido en el pasado, analizada como si fuese un objeto a la venta, una mercancía a la que examinar antes de terminar comprando. No le gustó en su momento, y tampoco le gustaba ahora... Pero estaba resignada a su suerte y a la que debía ser su naturaleza, por lo que ninguna expresión, más allá de la eterna tristeza de su mirada, quedó reflejada en su aniñado rostro.

Le observó, viendo como parecía pensar algo, seguramente a raíz del examen visual al que la había sometido, guardando completo silencio. Tan sólo su respiración, normalizada y tranquila, hacía ver que en efecto estaba viva y no era una muñeca, pues apenas pestañeaba y su cuerpo se había quedado muy rígido, sin bajar ni un ápice sus brazos, protegiéndose en ese extraño e inservible escudo. Y permaneció así, dejándose observar, sin interrumpir sus pensamientos... Hasta que él se inclinó hacia ella, claro...

En un abrir y cerrar de ojos, la espada de la joven immortal estaba desenvainada, y apuntaba, recta y firme, hacia el rostro del desconocido. Sin bajarla, dio un par de gráciles pasos hacia atrás, con una expresión tan asustada como firme, por contradictorio que resultase, presente en su semblante. Era absurdo, patético e inútil, que intentara protegerse de esa forma, cuando seguramente él podría romperla a toda ella en pedazos con un mísero pestañeo... Pero Spada era una muchacha acostumbrada en los últimos tiempos a la supervivencia, y eso le había otorgado un valor que contrastaba con su miedo y timidez... Porque sí: su mirada, aun sin haber abandonado la tristeza, se mostraba en esos momentos valiente, temeraria más bien, decidida a morir en manos de aquel extraño al que nada debía.

No dijo ni una palabra, manteniendo apretados sus labios de muñeca, y aferrándose con fuerza al mango de su arma. Sin embargo, como respuesta a su pregunta, sí que negó una sola vez con la cabeza...
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MensajeTema: Re: Marie, Marie... ¿Dónde estás? (Spada)   Jue Feb 24, 2011 2:59 am

Y de repente se vio con la punta de una espada apuntándole peligrosamente. Si la joven immortal, válgase la ironía, se esperaba una reacción similar al miedo por su parte, no la vio. Más bien se le antojó entretenido ver el contraste entre ese miedo que casi sentía como propio recorriendo las finas venas de la gatita y la firmeza y valentía de su mirada, una mirada propia de esas personas que no tienen nada que perder ni nada que ganar y que, por lo tanto, tampoco les importa morir cualquier noche. Un espécimen curioso, sin lugar a dudas... Lo suficiente como para pasar por alto la ofensa y volver a hablar con fría calma e impasibilidad, excepto por el cambio de pierna que realizó:

-¿Estás segura de lo que estás haciendo? -
Preguntó, de nuevo, una única vez, sus ojos rojos fijos en los de ella. No era buena idea, ambos lo sabían, pero no era él quién amenazaba la vida de otra persona... Ay, si ella supiera. Le hizo gracia partir con tanta ventaja, pero obtuvo, para su sorpresa, una respuesta. En cierto modo sabía que no estaba siendo espiado, peró ese mero gesto le ayudó a relacionar, con su especial forma de hablar y entretejer, unas cosas con otras.-Bien, si no me espiabas no te mataré... Aunque tú parezcas dispuesta a lo contrario. Pero, ¿sabes qué...?

Flop. Edouard pareció desaparecer de la silla en un visto y no visto. Rápido ágil y escurridizo, vampírico, se levantó del sofá en menos de un pestañeo y, en otro, estaba posando una de sus manos en la muñeca de la joven, la que sostenía el arma, bajándola despacio, muy despacio:

-...No se puede hablar si te apuntan con una espada. -
Murmuró, sotándola después y volviendo a sentarse, esperando que hubiera cogido la indirecta. La volvió a mirar, entretenido ante las nuevas perspectivas, soltanod, finalmente, aquello que deseaba.- ¿Quién es tu amo?




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MensajeTema: Re: Marie, Marie... ¿Dónde estás? (Spada)   Jue Feb 24, 2011 3:27 am

Spada parpadeó un par de veces ante la pregunta del desconocido, ladeando el rostro. Seguramente no se esperaba que le preguntase nada, ni mucho menos eso. Sin embargo, al cabo de un par de segundos la firmeza había regresado a su expresión, borrando todo rastro de confusión o sorpresa. Como toda respuesta asintió: Sí, estaba segura. No sería buena idea... Pero era la única que se le había ocurrido y, una vez hecho, no iba a echarse atrás de buenas a primeras, no sin una buena razón. No tenía nada que perder, salvo su vida... Y esta última prefería perderla de pie y danzando con su inseparable espada, fiel y única compañera.

Trató de seguirle con la mirada, pues por sus palabras pudo percibir que tramaba algo... Pero evidentemente, no le dio tiempo a anticiparse y, cuando quiso darse cuenta él estaba cara a cara con ella, sosteniendo su mano. Se puso tensa, mucho más de lo que ya estaba, rígida como una tabla, mientras sus ojos castaños parecían brillar con una mezcla de miedo y rabia... Y entonces, emitiendo un gruñido, trató de zafarse en vano de su agarre, con un movimiento brusco que dejaba clara una cosa: a la joven immortal, paradójicamente con lo que por su condición debería ser, no le gustaba en absoluto que la tocasen.

Pese a ello, Spada mantuvo el arma bajada cuando él soltó su mano y volvió a sentarse, aunque no la guardó, manteniéndola bien agarrada. El brillo que sus ojos habían adquirido repentinamente no se había perdido, y su pecho bajaba y subía algo agitado, mientras apretaba aun más sus enrojecidos labios. Le observó largo rato, sin mutar su expresión, casi desafiante, en un completo silencio, sin importarle en apariencia su pregunta ni los largos minutos que pasaron desde que esta fue formulada...

Pero finalmente, al cabo de unos cuantos, tal vez demasiados, la muchacha volvió a negar con la cabeza. De nuevo no dijo ninguna palabra, dando a entender que o bien era muda o bien no le daba la gana hablar con él... Pero siendo perfectamente entendible que con su gesto quería indicar una sola cosa: No había ningún amo.
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MensajeTema: Re: Marie, Marie... ¿Dónde estás? (Spada)   Jue Feb 24, 2011 3:41 am

De nuevo esa mirada atrevida fijada en la suya propia. Había bajado la espada, sí, pero la seguía mantneiendo firmemente sujeta y dispuesta ante cualquier amenaza que se le presentara. Era curioso, mucho, que aún no hubiera abierto la boca para nada. ¿Tendría algún tipo de problema en el habla, sería muda... O únicamente se negaba a dirigirle la palabra como si fuera superior? Lo último no le cuadraba en absoluto, no teniendo en cuenta lo que era y para lo que estaba destinada. El rostro de Edouard pareció adquirir seriedad en cuestión de instantes ante algo que se le antojaba curioso y peculiar. Era como ver constantemente rayas blancas y, de repente, darse de bruces con una negra.

Entendió la negativa como un "No tengo amo": No supo discernir, sin embargo, si aquello le desgradaba o no, aunque por el aspecto que tenía era evidente que nadie la cuidaba ni la trataba de la forma que merecía. El vampiro volvió a llevarse la mano al mentón, sus ojos rojos fijos en los de ella, dejando que de sus labios escapara un suspiro hastiado y casi teatral:

-Vaya, eso lo explica todo. Este era tu sitio para pasar la noche, ¿no? -
No había otra explicación posible, por lo que convirtió la pregunta en algo retórico e innecesario de responder si ella no deseaba hacerlo. La contempló de nuevo, quizá no de forma tan fría y objetiva y si apreciando más los detalles, convirtiendo la mirada en algo incómodo pero no insultante.-Mmm... -Edouard comenzó, sin mediar más palabra, a rebuscar entre sus bolsillos.

Al cabo de un par de segundos sacó un par de chocolatinas. Eran de hace unas horas, cuando se había encontrado con dos jovencitas que iban de fiesta. Había charlado con ellas, las había engatusado e, incluso, invitado a estos dulces tan asquerosos que comían... Pero perdieron su interés en cuanto su peculiar personalidad venció la batalla a la soledad, viéndolas incluso poca cosa hasta para cenar. Le enseñó el alimento a la joven, alzándolo ligeramente y jugueteando con él entre sus dedos:

-¿Tienes hambre? -
Preguntó, conteniendo una sonrisa... Y tendiéndole las chocolatinas en la palma de la mano, dejando que fuese ella la que, si se atrevía,s e acercara. ¿Hambre o seguridad, estómago ligeramente saciado o distancia mínima de seguridad...?

Edouard no podía negar que esos dilemas le encantaban




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MensajeTema: Re: Marie, Marie... ¿Dónde estás? (Spada)   Jue Feb 24, 2011 2:00 pm

Spada continuó con sus ojos castaños fijos en los rojos del extraño, sin haber guardado aún la espada, que permanecía bien sujeta en una de sus manos. No respondió a su pregunta, siendo demasiado evidente como para que contemplaese el hacerlo, y mucho menos dijo nada. Él ya debería pensar que era muda, puesto que seguramente, no se esperaría que por su naturaleza fuese alguien que se negase a hablar únicamente por no querer hacerlo... Pero, ¿por qué iba a estar obligada aun siendo lo que era? Él no era su amo, ni mucho menos, y aunque lo fuera, ¿qué tendría que ver servirle y protegerle con su vida, con hablar? Nadie quería de ella sus palabras, a nadie le interesaba lo que pudiera pensar o sentir, y nadie la quería tener al lado para charlar... ¿Por qué entonces iba a hablar si no era necesario y vital hacerlo?

Hubo, sin embargo, algo que pareció cambiar en la mirada de aquel hombre, pero la joven immortal no supo discernir el qué. Únicamente, ese segundo examen visual no se le antojó tan desagradable como el primero, aunque al igual que la primera vez, permaneció quieta, sin pestañear si quiera, aguardando a que él terminara. Pese a ello, no pudo evitar seguir con su mirada la trayectoria de sus manos a los bolsillos, preguntándose qué estaría buscando y si no sería algo con lo que poder dañarla... Menuda estúpidez, él podría herirla con sus simples manos, no necesitaba nada.

No pudo evitar abrir de forma algo desorbitada los ojos al ver las chocolatinas que había sacado. Eran de chocolare blanco, su favorito, y ella llevaba una semana sobreviviendo sin llevarse a la boca nada más que algo de agua bebida de las fuentes y un par de mendrugos de pan que un mendigo compartió con ella un par de noches atrás... No era de extrañar pues, su aspecto enfermizo, su delgadez exagerada, y la debilidad física que últimamente le hacía sentir que se estaba marchitando y pronto desaparecería. Sin embargo, quizá por como él se dedicó a juguetear con esas chocolatinas entre los dedos, como buscando provocarla, quizá simplemente por miedo, Spada no se acercó..., pero, por orgullosa o recelosa que pudiera ser, sí tenía hambre, por lo que tampoco rechazó el alimento... Únicamente encontró una forma alternativa de obtenerlo:

Aprovechándose del factor sorpresa, la muchacha estiró su espada hacia la mano tendida, haciendo una grácil floritura y pinchando las chocolatinas en la punta, sin rozar en ningún momento su piel. Echó entonces el arma hacia atrás, desenganchando su premio, y guardándola finalmente en su cinto. Como si lo que acabase de hacer no fuese una osadía que pudiera tener consecuencias, Spada comenzó a comer, con avidez, haciendo que en apenas un par de minutos ya no quedase nada de chocolate. Se limpió con una mano los labios de forma distraída y volvió a alzar su mirada hacia la del vampiro...

...Y entonces, por primera vez desde que se habían encontrado, la pequeña sirvienta expresó algo más que recelo, valor o miedo hacía él: Le sonrió... con gratitud.
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MensajeTema: Re: Marie, Marie... ¿Dónde estás? (Spada)   Jue Feb 24, 2011 2:28 pm

Edouard se esperó muchas cosas por parte de la immortal, desde ese recelo que no se iba de ninguna de las maneras y que nublaría su juicio hasta la más absoluta sumisión acercándose hacia las chocolatinas, ganando el hambr la batalla contra el sentido común. Sin embargo, lo que la joven hizo trastocó todos sus planes...

Y le encantó, le encantó ver como le sorprendía, decidía por sí misma y buscaba una solución intermedia. Era inteligente y rápida d epensamientos, sin duda alguna... Y el vampiro no pudo aguantarse un par de sonoros aplausos, solo dos, soltando una carcajada casi sin pensarlo:

-¡Bravo, bravo! -
Exclamó, visiblemente sorprendido y agradado, volviendo prácticamente al instante a su pose serena habitual excepto por su amago de sonrisa tan indescifrable como siempre. La observó comerse las chocolatinas con avidez, dándole a entender que, en efecto, tenía mucha hambre, algo que evidenciaba su delgadez y su palidez. ¿Cuántos días llevaría sin comer? Edouard no supo responderse a esa pregunta, demasiado entretenido en estudiar algo tan peculiar, curioso y a la vez bello. Porque veía belleza en esa resignación y recelo, incluso en la gratitud que mostró después con esa sonrisa.- No hay de qué... Aunque eso me dice que tienes hambre, dos chocolatinas no suponen un buen sustento para una muchacha como tú, ¿verdad...? -Dejó entrever con cierto desdén, demasiado oculto como para que la muchacha se percatara.

Repentinamente se levantó, quedando su cerca de 1,90 reflejado en la diferencia de alturas. Ladeó el rostro un par de centímetros a la izquierda y después a la derecha, como si estuviese analizando algo más allá... Y lo estaba haciendo. La muchacha era demasiado peculiar como para analizarla en un par de horas, demasiado entretenida como para dejar que ese entretenimiento durara únicamente una noche. Edouard tomó una rápida resolución, aunque ni su mirada ni sus gestos la evidenciaron, quizá sí, sus palabras:

-Yo puedo darte comida, un lecho caliente, y un aseo... Algo que seguramente veas de agradecer, chérie -
Murmuró la última palabra en francés, quedándole inevitablemente seductor. Entrelazó las manos tras la espalda, mirándola ahora fijamente e intentando leer algo nuevo más allá de lo ya visto.-Este castillo no es muy apropiado para pasar la noche, las sombras pueden confundir hasta a personas valientes como tú... Aunque como he dicho, es una mera proposición.

Edouard dio mevia vuelta, paseando por el salón y dándole un espacio a la joven para pensar... Aunque sus ojos rojos no se despegaron de la femenina figura.




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Spada
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MensajeTema: Re: Marie, Marie... ¿Dónde estás? (Spada)   Jue Feb 24, 2011 2:53 pm

Parpadeó un par de veces con sorpresa, ante la reacción de él... Se podría haber esperaro que la amenazase por haber hecho algo así, o que desistiera y la dejase en paz... ¿Pero que lo aplaudiera, y lo encontrase divertido? Sin lugar a dudas, era un hombre demasiado teatrero... y demasiado solitario, también. De lo contrario no estaría perdiendo el tiempo con ella, eso estaba claro: Nadie perdería el tiempo con una niña callejera y sucia si o bien no tenía una mentalidad retorcida y macabra, o bien no tenía nada mejor que hacer y estaba muerto de aburrimiento y soledad... Y, aunque no estuviera del todo segura de que no influyera lo primero, visto lo visto lo segundo seguro que estaba ahí.

Se tensó ligeramente cuando él se levantó, observándole con sus grandes ojos castaños, que habían perdido ya esa osadía y firmeza anterior y habían recuperado su mirada habitual. Una mirada en la que había recelo, sí, pero sobre todo tristeza, una tristeza desalentadora e imposible de disimular... Aunque lo que el vampiro no podía saber es que, a la pena propia habitual, se unía el hecho de que, en cierto modo, a Spada le había empezado a dar pena él: Encontraba digno de su lástima el ver como podía sentirse tan solo como para malgastar su tiempo en jugar al gato y el ratón con ella... Tanto, que se cansó de jugar.

No había perdido el recelo, y el miedo a volver a encontrarse con un monstruo que avivara los fantasmas del pasado le aterraba... Pero él tenía razón en lo que decía, y además, se había compadecido de él. Por eso, tras unos segundos en los que él se paseó por el salón, sin dejar de observarla y logrando con ello intimidarla, Spada suspiró, resignada... Aquel era su sino, su naturaleza y su suerte, y no podía negarse a ello.

Borrando cualquier rastro de la anterior sonrisa de su rostro, agachó la cabeza, en señal de sumisión: No era tan estúpida como para no saber que lo que le ofrecía era a cambio de la misma...
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Edouard Léblanc
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MensajeTema: Re: Marie, Marie... ¿Dónde estás? (Spada)   Jue Feb 24, 2011 3:23 pm

Edouard esperó con una paciencia que solo los siglos daban, dejando que la mente de la muchacha se cargará de crudo realismo y obligación profesional, por llamarla de alguna forma, paseando de un lado a otro. Sin embargo, caminar no le granjeaba ningún tipo de beneficio, por lo que volvió a sentarse en el sillón, cerca de ella y con sus ojos fijos en los castaños de la joven.

Hasta que, finalmente, ella agachó la cabeza en una clara señal de sumisión y aceptación. Había encontrado una sierva, una entretenida además, y esperaba que no hubiese sido una mera ilusión temporal porque entonces le despediría sin pensaro, o, quizá, la mataría, según le diese. No se le pasó por alto en ningún momento la tristeza que esos ojos reflejaban, así como la curiosa y nada agradable sensación que se despertó en su interior ante esa mirada castaña. Conocía la lástima, la había visto miles de veces en centenares de miradas distintas, pero, ¿dirigida hacia él, que lo tenía absolutamente todo...? No, era de locos. Sus ojos parecieron oscurecerse ligeramente, algo que disipó con un mero chasquido de lengua:

-Bien, entonces el trato está zanjado. Te explicaré las normas ya en casa para que no se te olviden. ¿Tienes algo que recoger, algún bártulo o cosa inservible que te hayas dejado aquí? Si no, nos marcharemos ya... Sierva. Tendrás un nombre, ¿no? -
A falta de un nombre se refirió a ella como lo que era, su sierva, aunque no dudó en preguntar. Cruzó de nuevo una pierna sobre la otra, una de sus manos jugueteando con sus propio cabello y la otra extendida sobre el reposabrazos del sillón.




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MensajeTema: Re: Marie, Marie... ¿Dónde estás? (Spada)   Jue Feb 24, 2011 4:03 pm

Spada escuchó las palabras del vampiro, comprendiéndolas a la perfección y sin sorprenderse del nuevo tinte que adquiría la "conversación". De nuevo, la fría evidencia de la dominación abriéndose paso en su mente, despertando una vez más su lado más dócil y devolviéndola a la cruda realidad... Aquel era su sino, la vida para la que había nacido y la razón por la que debía dejar que su naturaleza fluyera. Nadie podía escapar a su destino, y el suyo era seguir el camino de la eterna servidumbre y sometimiento, aunque hubiera intentado huír de él debido a los fantasmas que la perseguían.

Ante la pregunta, estuvo tentada de decirle su nombre... Pero hubo algo en su interior que le hizo rehusar la idea de hablar ahora. Quizá prefería que pensase que era muda, quizá quisiera evitar tener que hablar con él... Y quizá especialmente, prefería que la llamase por lo que iba a ser a partir de ahora, su sirvienta, y no por un nombre suyo y personal... Sin embargo, era una pregunta que su futuro amo hacía, y como tal, debía responder de alguna forma. Por eso, encogiéndose de hombros, volvió a sacar la espada, apuntando con ella al sillón que él tenía al lado. Con una rápida floritura, grácil y de notable pericia, la muchacha rasgó la tela del respaldo, escribiendo una palabra en italiano: "Spada". Ese era el nombre que le entregaba al mundo, un nombre evidentemente falso, pero que respondía a su pregunta.

Guardó de nuevo el arma, observándole unos segundos, pensativa... Sí, tenía algo que recoger, aunque no era ni mucho menos un bártulo inservible, al contrario: era una de las cosas más importantes para ella, se podría decir que era casi su alma... No podía dejarlo allí. Sin previo aviso, se arrodilló en el suelo, colocándose a cuatro patas y comenzando a gatear hacia el sillón en que él estaba sentado...

Dio la sensación, en un primer momento, de que se dirigía a sus pies, o quizá a colocarse entre sus piernas, porque se detuvo justo a su altura. Sin embargo, para la segura sorpresa de su nuevo señor, Spada prosiguió en su avance, metiendo la cabeza, los brazos, y una pequeña parte de su diminuto cuerpo debajo del sillón... Evidentemente, buscaba algo, pero la sensación que daba era muy diferente, como si estuviese regalandole a propósito una visión panorámica de sus muslos y trasero... Algo que en cuanto de un ágil movimiento salió de debajo del asiento, quedó confirmado que no era así:

Entre sus delgaduchos brazos, la joven sostenía algo, un pequeño instrumento... Un violín, y su arco, claro estaba. Era un auténtico Stradivarius, de aspecto antiguo pero perfectamente conservado, y que seguramente valía lo suficiente como para que vendiéndolo ella no tuviera que servir a nadie en muchos años... ¿Por qué entonces lo conservaba? Se puso en pie, sacudiéndose el polvo con una mano, y después sonrió, perdiendo su mirada momentáneamente en el instrumento. Lo acarició despacio varios segundos, antes de apoyarlo contra su pecho y agarrarlo con firmeza.

Tras eso volvió a fijar sus tristes ojos en los del vampiro unos instantes, volviendo acto seguido a agachar sumisamente la cabeza: Estaba lista para entregarle su voluntad y recibir sus nuevas cadenas, lista para dar su vida por él si fuera necesario... Lista para volver a aceptar su inevitable destino.
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MensajeTema: Re: Marie, Marie... ¿Dónde estás? (Spada)   Jue Feb 24, 2011 4:25 pm

Edouard recibió a sus preguntas lo mismo que antes: Total y absoluto silencio, algo que le daba a pensar que, efectivamente, la joven era muda. Pero no por ello era tonta, y el vampiro, agradado, contempló esa forma tan peculiar de darle un nombre para referirse a ella. Trazó un grácil movimiento en el tapiz, creando unas letras que comprendió sin ningún tipo de problema. La sonrisa enigmática volvió a aparecer en sus finos labios, mirándola fijamente:

-Spada... Como tu misma arma. -
No dejó ver que le extrañaba, y mucho, que ese fuera su nombre real, demasiado material y simple para ponérselo a una hija... Aunque claro, ¿quién era él para hablar de lo conveniente en una madre? Sus ojos parecieron oscurecerse momentáneamente por el ataque de los recuerdos, de aquello que perdió y que jamás recuperó, y de lo que podría haber obtenido de haberlo recuperado... Pero Dios estuvo en su contra, y Edouard no lo olvidaba. Duró apenas instantes su tormento, demasiado acostumbrado a rechazarlo e ignorarlo como para no hacerlo, más aún cuando Spada se dirigió hacia él gateando.- ¿Mmm...? -Murmuró ronroneante al ver hacia donde se dirigía. No había planificado un trabajito oral nada más conocerla, pero tampoco iba a decir que no a unos buenos ratos de placer.

Sin embargo, su joven sirvienta encarriló una trayectoria diferente. Le regaló unas preciosas vistas de su trasero y piernas, revelando, en efecto, unas curvas femeninas debajo de ese cuerpo de chiquilla y ese rostro aniñado. Y se deleitó con ellas como hombre que era, imaginándose diversas cosas que podría hacer con ella. No hubo lujuria en su mirada, tampoco deseo, pero sí el hecho de que le resultaba atractiva... Tendría buenas vistas en su mansión, y eso era de agradecer teniendo en cuenta que, cada vez, su hogar se le antojaba más gris y deprimente. La cosa mejoró, y mucho, cuando Spada salió de debajo del sillón. Edouard abrió un poco más los ojos, intrigado y sorprendido a partes iguales al ver el violín entre sus manos. La sonrisa de la joven pareció cambiar al contemplarlo, y la pregunta que escapó de sus labios se le antojó sumamente absurda:

-¿Sabes tocarlo? -
Se dio cuenta en seguida, por lo que se levantó con un único chasqueo de lengua. La música... Una de las pocas cosas que aún disfrutaba y que le permitían liberar todo aquello que sentía. El hecho de tener una sirviente capaz de hacer lo mismo le perturbaba y le intrigaba, aunque fueron pensmaientos, emociones, que se guardó en lo más hondo de su ser.- Bueno, olvídalo, se nos va a hacer tarde. -Atajó, caminando hacia la salida, dejando que Spada se colocara a su altura.-Iríamos más rápidos si te transformaras en gato y te llevara yo... Pero supongo que no querrás que lo lleve yo, ¿verdad? -Preguntó por última vez. No le apetecía tomarse toda la caminata, pero habiendo visto como trataba al violin tampoco se esperaba una cesión por parte de la sirvienta...

Malditas encrucijadas.




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MensajeTema: Re: Marie, Marie... ¿Dónde estás? (Spada)   Jue Feb 24, 2011 5:46 pm

Su nuevo amo aceptó su nombre, aunque ella sabía que este no volvería a ser empleado. Sin embargo, no dijo el suyo... Y de igual forma, no le sorprendió, incluso lo prefirió: él era su amo, su señor, y si alguna vez hablaba para dirigirse a él, sería de esa forma y no de otra. Todo eso estaba claro incluso antes de que él volviera a llamarle por lo que era, un detalle que ella agradeció: no le gustaba que nadie usase un nombre que ella misma se había dado, cuando lo que ella misma hiciera no fuese a contar nunca... Era su nombre libre, y ella no era libre con él.

En su ingenuidad, Spada no se dio cuenta en absoluto de lo que el vampiro había interpretado con sus anteriores acciones. No se percató de su ronroneo, ni de la idea que había pensado que ella tenía a realizar, y tampoco fue consciente de las vistas que le había regalado y que él había contemplado. Era consciente de que, seguramente, tendría que enfrentarse a esa faceta más tarde o más temprano, y que tendría que ceder, trascender a su pánico y entregarse a él quisiera o no... Pero prefería no pensar en ello, pues si lo hacía, probablemente se echaría para atrás y querría huír de él aunque ya no estuviera a tiempo si quiera de planteárselo.

Ignoró su pregunta, considerándola una evidencia: era obvio que si tenía un Stradivarius ni más ni menos, era porque sabía usarlo. Aunque realmente, no era ese el único motivo por el que no se había desprendido del instrumento, pero... ¿Eso qué le importaba a él? Rezaba en silencio, si es que había un Dios, porque fuese misericordioso y nunca le pusiera en la situación de verse obligada a responder ese tipo de preguntas porque él se lo ordenara. De igual forma consideró demasiado evidente aquello que, mientras se dirigía hacia la salida, le preguntó: No, no quería que él lo tocara... A nadie le gusta que toquen su alma, y ella le había entregado su vida, su voluntad, su cuerpo y sus servicios... ¿También tenía que darle su alma? No, se negaba: prefería morir antes que dejárselo tocar.

Aquel último pensamiento quedó evidenciado cuando, colocándose junto a él, abrazó con más fuerza el violín contra su pecho, como si la vida se le fuese en proteger ese instrumento... Algo que contrastó con la suplicante mirada que le dirigió unos segundos: no quería que lo cogiera, aunque supiera que negarse podría ser tomado como un motivo de rechazo o castigo por su parte, debido a que, efectivamente, irían más despacio... Y sin embargo, estaba dispuesta a aceptar esas dos cosas antes que entregarle el instrumento en el que guardaba el pedazo más hondo de su corazón.

En una mezcla de resignación y expectación, Spada agachó la cabeza, sin moverse todavía... Parecía esperar la orden de echar a andar, el abandono, o el castigo que él creyera procedente.
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MensajeTema: Re: Marie, Marie... ¿Dónde estás? (Spada)   Jue Feb 24, 2011 6:27 pm

Edouard se paró justo a la entrada del desastroso castillo. Sus pies giraron para encarar a la Spada habiendo alcanzado el punto sin retorno, ese en el que, o bien le daba el violín para que lo llevara, o bien les tocaba volverse andando. Y, como en cierto modo esperaba, se encontró con la primera de bruces. Sus ojos contemplaron los de ella, dos ascuas rojas y penetrantes que en este mismo momento parecían desnudar hasta su propia alma. Sin embargo, el vampiro esbozó un amago de tenue sonrisa, dejando que de sus labios escapara un tenue suspiro, como si le resultase un fastidio y un incordio que se aferrara tanto a un "simple" instrumento. Mentía, peusto que él, casi mejor que nadie, comprendía la unión que se podía tener con la música en los momentos más oscuros de uno mismo.

Quizá fue ese pensamiento esa muestra de lo que una vez fue y ya no era, lo que desencadenó su posterior respuesta:

-Bien, como desees. Puedes llevarlo tú. -
Probablemente la sorprendería. Otro la castigaría por tal rebeldía, la torturaría hasta dejarla exhausta y después disfrutaría con su cuerpo hasta decir basta. Él, en cambio, le dio aquello que deseaba y respetó una decisión tan personal, aunque ello implicara caminar largo y tendido... o eso pensó hasta que su mente encontró otra solución. Era suya, ¿no? Podía hacer con ella lo que le viniera en gana, desde matarla hasta alimentarse o acostarse con ella. Edouard la miró durante un par de segundos, castaño contra borgoña, miedo y servidumbre con la cabeza agachada contra altivez y poder vampírico.- Sin embargo, no vamos a caminar, me estresa hacerlo, y mucho más encontrarme con algo peligroso para ti e infantil para mí. Así que...

Se movió demasiado rápido, aprovechando que Spada seguía en esa actitud sumisa. Se colocó a su espalda, inclinando ligeramente el cuerpo. Sus brazos bajaron y sus manos se aferraron a los muslos de la joven, alzándola en volandas sin ningún tipo de dificultad, echándosela al cuerpo. La tenía bien sujeta, con el violín de la joven sujetado por sus propias manos, una postura cómoda en la que podría correr sin problemas:

-Así mejor. Será mejor que lo sujetes bien o se te caerá, las cosas van a ponerse un poco rápidas. -
Murmuró una última vez para, después, arrancar a correr a una velocidad sobrehumana, esquivando los árboles como si fuesen meras sombras...

Perdiéndose entre la espesura del bosque con una nueva adquisición.


TEMA CERRADO




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